Menhera Ga Ai Tsuma Apron Ni Kigaetara Volumen 1. Capítulo 2: ¿Qué pasaría si una chica menhera viniera a mi habitación todos los días?

 

Capítulo 2

¿Qué pasaría si una chica menhera viniera a mi habitación todos los días?

 

«¿Otra vez viniste hoy...?»

 

Al ver el rostro que aparecía en la pantalla del intercomunicador, yo, Shinsuke Aigaki, me rasqué la cabeza con una sonrisa irónica.

La chica de estilo jirai-kei y con tendencias emocionalmente inestables era Shizune Kotosaka.

Contando el día en que la dejé entrar por primera vez a mi habitación, ya iban diez días seguidos.

Desde aquel día, había comenzado a visitar todos los días el edificio de departamentos donde yo vivía.

 

«Buenos días, Shinsuke.»

«...Buenos días. Y dime, ¿otra vez trajiste eso?»

«Sí.»

«Ahh... Está bien. Entra...»

 

Aunque me sorprendía un poco su comportamiento, terminé abriendo de mala gana la puerta automática de la entrada.

Ni siquiera pasó un minuto antes de que cruzara la puerta de mi apartamento en el segundo piso.

 

«Con permiso.»

«Si no me falla la memoria, creo que dije que podías subir “de vez en cuando”. No recuerdo haber firmado contigo ningún “contrato de esposa que viene de visita”.»

«Ese “de vez en cuando” simplemente ha coincidido, casualmente, todos estos días. No es que esté viniendo a propósito.»

«¡Eso depende completamente de tu interpretación!»

«¿Estás enojado?»

«No, enojado no estoy, pero...»

«Qué bien. Entonces comamos juntos de una vez.»

 

Después de decir eso, Shizune fue a la sala, sacó una bolsa de almuerzo de su bolso de tela y empezó a colocar el contenido sobre la mesa baja.

 

«Ayer fue arroz, así que hoy hice pan.»

 

Todas las mañanas, Shizune preparaba dos almuerzos y los llevaba hasta mi casa.

Ese día, el plato principal consistía en tres tipos de sándwiches: uno de huevo, otro de jamón, pepino y queso, y uno más de tocino, lechuga y tomate.

Además, para rellenar los huecos del recipiente, había pequeñas salchichas con forma de pulpo, tortilla japonesa y trozos de kiwi acomodados en una esquina.

 

«Como siempre... se ve buenísimo.»

 

Al ver un almuerzo lleno de ingredientes que me gustaban, tragué saliva.

 

«Este es para mí y ese es el tuyo. Y toma, una toallita con alcohol.»

«A-ah... Bueno, entonces... buen provecho.»

 

Mientras me limpiaba las manos y pensaba cuál comer primero, elegí el sándwich de huevo.

Lo tomé con cuidado para que no se cayera el relleno y le di un gran mordisco.

El pan era suave y esponjoso.

Se sentía la textura ligeramente gruesa de la clara picada y el sabor intenso de la yema.

La pimienta negra utilizada como toque secreto le daba un acento perfecto.

 

«...Está delicioso.»

«¿Sí...? Me alegra.»

 

Al parecer, al escuchar mi reacción se sintió aliviada, porque Shizune relajó apenas las mejillas.

Luego tomó también un sándwich de huevo y le dio un pequeño mordisco.

 

«Me siento un poco mal por esto... Preparar comida todas las mañanas debe ser pesado.»

«Yo lo hago porque quiero que tú lo comas. Nadie me obliga.»

 

Nunca le había pedido que me preparara comida.

Pero aun así, recibir de ella comida prácticamente todos los días hacía que sintiera cierta culpa.

 

«Desde antes de empezar a venir todos los días a este cuarto... quiero decir, desde antes de venir de vez en cuando...»

«Espera. Acabas de decir “desde que empecé a venir todos los días”, ¿verdad?»

«Te lo imaginaste. Desde antes de empezar a venir de vez en cuando a este cuarto, preparar almuerzos por la mañana ya era parte de mi rutina. Hacer una o dos porciones más casi no cambia el trabajo.»

«¿Cuántas porciones preparabas antes por las mañanas?»

«Dos. Una para mí y otra para el almuerzo de mi padre. Además preparaba el desayuno, aunque eso no era para llevar.»

 

Desde que había comenzado a vivir solo, yo también intentaba cocinar mis tres comidas siempre que podía.

Sin embargo, por las mañanas casi nunca tenía tiempo, así que al final terminaba dependiendo de la cafetería de la universidad o de los alimentos congelados que almacenaba.

En cambio, Shizune se levantaba temprano todos los días para preparar comida.

Eso ya era digno de reconocimiento.

Sin embargo, había algo en todo aquello que me preocupaba.

 

«Que prepares también mi desayuno me ayuda mucho, pero... ¿de dónde sale el dinero para la comida? No estarás usando el dinero de los gastos de tu familia, ¿verdad...?»

 

Shizune no solo venía por la mañana.

También aparecía por la noche.

Y lo hacía para prepararme la cena.

Era casi como tener una especie de acosadora doméstica, pero al menos era mi «amiga».

Y, sinceramente, echar de casa a alguien que hacía tanto por mí tampoco me parecía correcto.

Así que había terminado aceptando su presencia.

 

«No te preocupes. Estoy usando el dinero que ahorré haciendo citas compensadas.»

«Pero ese dinero era para que pudieras vivir sola, ¿no?»

«No importa. Además... ahora quiero descansar un poco de ahorrar.»

 

Desde el día en que la conocí, Shizune parecía no haber vuelto a hacer ese tipo de citas.

Antes de ir a clases estaba en mi habitación.

Durante el día iba a la universidad.

Por la noche regresaba otra vez a mi habitación.

Simplemente se desplazaba entre esos lugares y no parecía ir a ningún otro.

Incluso asistía a la clase de ética de los martes con el cabello blanco, sin teñírselo de negro.

Y los fines de semana pasaba desde la mañana hasta la noche en mi apartamento.

Una vez, incluso empezó a hacer una limpieza general mientras yo estaba trabajando.

Aunque fuera solo temporal, el hecho de que venir a mi habitación le permitiera dejar ese tipo de actividades era, sin duda, algo positivo para ella.

El problema era que, a cambio, prácticamente se había instalado todos los días y había empezado a ayudarme con todas las tareas domésticas.

 

«Si quieres, también puedo prepararte almuerzo para la universidad.»

«No hace falta. Es dinero que tú misma ganaste. Úsalo para ti, no para mí. Ropa, maquillaje... ustedes las chicas necesitan gastar en muchas cosas, ¿no?»

«Ya tengo toda la ropa y los cosméticos que necesito.»

«...Parece que ganabas bastante bien.»

«En mi caso, recibía como mínimo diez mil yenes por cada comida o cita. Si lo calculas por hora, eran unos cincuenta mil yenes aproximadamente.»[1]

 

Escuchar aquello hacía que trabajar seriamente en una tienda de conveniencia por alrededor de mil yenes la hora me pareciera de repente bastante vacío.

 

«Así que no tienes que preocuparte por el dinero de la comida, Shinsuke.»

«No estarás intentando comprarme con comida, ¿verdad? No existe un sistema donde, si traes almuerzo o ingredientes, automáticamente te dejo entrar a mi apartamento.»

«Pero cada vez que llevo almuerzo o ingredientes, me dejas entrar.»

«Bueno... sí, eso es verdad...»

 

Aunque tampoco la echaría si viniera sin nada.

Siempre que no se pasara de cierto límite.

 

«...Ah, cierto.»

 

Shizune murmuró como si acabara de recordar algo.

 

«...¿? ¿Qué pasa?»

«Quiero saber cuáles son tus comidas favoritas. Me serviría como referencia para el futuro y también quiero aumentar mi repertorio.»

 

Sacó una libreta y un bolígrafo de su bolso y me miró fijamente.

 

«Mis comidas favoritas...»

 

Cuando te lo preguntan de repente, curiosamente cuesta pensar en algo.

 

«Prefiero las comidas con sabores dulces antes que las demasiado picantes o amargas... creo. Ah, sí. El omurice que preparaste anteayer por la noche estaba especialmente bueno.»

«Quiero aumentar mi repertorio. Si me dices algo que ya sé hacer, no me sirve mucho.»

«No es mi culpa. Fue lo primero que se me vino a la cabeza.»

 

Aquel omurice con kétchup y huevo esponjoso había dejado una fuerte impresión en mí.

El sabor suave y ligeramente dulce del huevo combinaba perfectamente con el arroz con pollo y mantequilla.

Recordaba haber terminado todo en menos de cinco minutos.

Toda la comida que preparaba Shizune era deliciosa.

Pero ese plato había sido especialmente bueno.

Con solo recordarlo, casi se me hacía agua la boca.

Sinceramente, quería comerlo otra vez.

 

«¿Te gustó tanto ese omurice como para que fuera lo primero que recordaras?»

«...Sí. Podrían servirlo perfectamente en un restaurante. Tenía ese nivel.»

«Ya... veo. ...Entiendo.»

 

Movió un poco los labios con timidez.

Aunque intentaba ocultarlo, parecía bastante orgullosa, porque incluso sacó un poco el pecho.

 

«Volveré a prepararlo después. Pero dime otras cosas.»

 

Mientras hacía en secreto un gesto de victoria en mi cabeza, seguí pensando en mis comidas favoritas.

 

«Hmm... A ver... pasta, curry... También me gusta el nikujaga[2].»

«¿Nikujaga?»

 

Shizune reaccionó inmediatamente al escuchar ese nombre.

 

«Sí. ¿No te gusta mucho?»

«No, al contrario. No esperaba que tuviéramos el mismo plato favorito.»

«Creo que hay bastante gente a la que le gusta el nikujaga.»

«Como no trato demasiado con otras personas, no sé mucho sobre eso.»

«...Perdón.»

 

Me sentí un poco incómodo y aparté la mirada.

Pero ella continuó hablando como si no le importara.

 

«Si es nikujaga, déjamelo a mí. Estoy segura de que te va a gustar.»

«Tienes bastante confianza. ¿Es tu especialidad?»

«Fue el primer plato que aprendí a preparar, así que tengo más experiencia con eso que con otras cosas.»

«Ya veo. Pero entonces, ¿por qué nunca lo habías preparado hasta ahora? Ya han pasado bastantes días desde que empezaste a cocinar para mí.»

«Porque si preparaba algo que me gusta y tú decías que no te gustaba, me deprimiría.»

«Yo no voy a criticar una comida que me sirvan. Además, hace unos días ya te dije que no tengo alergias ni grandes problemas con la comida. Puedo comer prácticamente de todo.»

 

Aunque me sirviera algo que no fuera de mis platos favoritos, jamás le diría «no me gusta» a alguien que se había tomado la molestia de cocinarlo para mí.

 

«Pensándolo bien, nikujaga... Lo comía bastante cuando vivía con mi familia, pero desde que empecé a vivir solo no lo he vuelto a probar.»

«Entonces esta noche haré nikujaga. Compraremos los ingredientes después de clases. También se está acabando el jabón corporal, así que compraré más.»

«¿En qué momento revisaste cuánto quedaba en la botella...?»

«Anoche, cuando limpié el baño. Por cierto, ¿te estás lavando bien la cara todos los días? Desde anteayer casi no ha disminuido el limpiador facial.»

«¡¿También estás revisando el limpiador?!»

«No debes descuidar el cuidado de la piel. Tú tienes una piel en la que salen granos con facilidad.»

 

¿Por qué demonios conocía incluso mi tipo de piel?

 

«En cambio, la cantidad de pañuelos ha bajado bastante desde anoche. Creo que todavía quedaba una caja de repuesto, pero ¿quieres que compre otra?»

«¡Yo mismo compraré eso, así que deja de controlar cuánto gasto en pañuelos!»

 

¿Hasta qué nivel estaba revisando mis cosas?

 

«...¿Te molestó...?»

 

Shizune encogió los hombros y frunció las cejas con preocupación mientras observaba mi expresión.

 

«N-no... No me molesta, así que no pongas esa cara. De hecho, me ayudas bastante. Ni siquiera recordaba que se estaba acabando el jabón.»

«...¿De verdad?»

«Sí. Gracias por preocuparte por tantas cosas.»

«Entonces... me quedo un poco más tranquila.»

 

Soltó un suspiro de alivio y sus ojos se suavizaron mientras aparecía una pequeña sonrisa en sus labios.

 

«Entonces compraré solo el jabón corporal y los ingredientes. ...Espero que tengas ganas de comer nikujaga.»

«A-ah... sí... bueno...»

 

Si seguía dejando que Shizune se encargara de todas las tareas de la casa, existía el peligro de que terminara convirtiéndome en un inútil incapaz de hacer nada por sí mismo.

Para empezar, preparar comida todas las mañanas y regresar cada noche para cocinar la cena era demasiado, incluso si lo hacía por buena voluntad.

Y tampoco entendía por qué se esforzaba hasta ese punto.

¿Sería posible que todo aquello fuera, a su manera, una forma de insinuarse?

 

«No estarás pensando que, si me ayudas con las tareas todos los días, tarde o temprano terminaré firmando contigo ese “contrato de esposa que viene de visita” y podrás entrar oficialmente a mi habitación cuando quieras, ¿verdad?»

«No.»

 

Shizune negó mi pregunta de inmediato.

Sospechoso.

 

«Por si acaso te lo digo: nunca voy a aceptar ese contrato.»

«¿Por qué?»

«Porque las condiciones no serían justas.»

 

No quería relacionarme con chicas emocionalmente inestables.

Eso era algo que, por supuesto, no iba a decirle directamente a Shizune.

Sería bastante cruel decírselo en la cara.

Pero tampoco estaba mintiendo.

Cocina, lavandería, limpieza y prácticamente todas las tareas domésticas.

Además, apoyo con mis prácticas de ilustración.

A cambio de que Shizune hiciera todo aquello, yo le daría derecho a entrar y salir libremente de mi habitación.

Desde su punto de vista, tenía la ventaja de no tener que volver a casa.

Pero aun así, las condiciones me favorecían demasiado.

Éramos estudiantes de la misma universidad.

No quería aceptar un acuerdo con semejante desigualdad.

 

«Digas lo que digas, no habrá “contrato de esposa que viene de visita”.»

«...Entonces ya no te prepararé comida.»

«¡Así que sí estabas intentando ganarte el contrato con comida!»

 

Además, yo nunca se lo había pedido.

 

«Pensé que quizá tendría suerte... pero era broma. Seguiré preparando comida como hasta ahora.»

«No entiendo cuál es tu objetivo...»

«Ya te lo dije antes, ¿no? La preparo porque quiero que tú la comas.»

«¿Y por qué quieres tanto que yo coma lo que preparas?»

«Porque siempre comes con cara de que te parece delicioso. Cuando hago algo que ayuda a otra persona... aunque sea solo una impresión mía, siento como si alguien me necesitara. Y eso me hace feliz.»

 

Shizune se sonrojó ligeramente y sonrió con una expresión verdaderamente feliz.

Al parecer, aquellas palabras sí eran completamente sinceras.

 

«Shizune seguramente será una buena esposa algún día.»

«Eh... ¿qué quieres decir con eso...?»

«Exactamente lo que dije. Cocinas bien y además haces sin problemas el resto de las tareas domésticas. Tienes bastante futuro.»

 

Después de terminar mi sándwich de huevo, moví la mano en el aire mientras pensaba cuál de los otros dos sándwiches comer a continuación.

 

«......»

«...¿Shizune?»

 

De pronto, Shizune se quedó completamente callada y bajó la cabeza como si intentara ocultar el rostro.

 

«No... no es nada.»

 

Unos segundos después respondió en voz baja.

Y, por alguna razón, parecía bastante contenta.

 

 

 

☆

 

 

 

Las clases de los jueves comenzaban para mí en el segundo periodo.

Aunque cursábamos materias diferentes, Shizune también había organizado su horario para comenzar en el segundo periodo.

Por eso caminábamos juntos por el campus en dirección a nuestros respectivos salones.

 

«Últimamente ya es algo habitual, pero cada vez que nos cruzamos con alguien en la universidad siento como si nos estuvieran mirando...»




«¿Sí? Es normal, ¿no?»

 

Shizune parecía no darle la menor importancia, pero la verdad era que llamaba muchísimo la atención.

Su llamativa ropa completamente negra contrastaba con su cabello blanco recogido en dos medias coletas, además del característico maquillaje rojizo alrededor de los ojos. Eso por sí solo ya bastaba para destacar entre la multitud, pero combinado con sus facciones naturalmente atractivas, conseguía atraer todavía más miradas.

Y, como yo caminaba junto a ella, muchas de aquellas miradas también terminaban dirigiéndose hacia mí, lo cual resultaba bastante incómodo.

Para evitar cruzar los ojos con nadie, seguí caminando con la cabeza ligeramente baja.

 

«¡OYE, OYE, OYE, OYEEEEEEEE!»

 

De repente escuché detrás de mí un grito que parecía más un rugido de guerra.

El dueño de aquella voz se acercó a toda velocidad, se adelantó hasta colocarse frente a mí y, después de poner una sonrisa exageradamente falsa, acercó la cara.

 

«Shinsukeeee... Buenos díaaas.»

«B-buenos días. ¿Qué demonios te pasa de repente?»

«Simplemente me crucé con Shinsuke caminando con una chica y pensé que debía saludarlooo.»

«¡Estás demasiado cerca y ni siquiera nos habíamos cruzado!»

 

Tenía los ojos completamente inyectados en sangre.

Daba miedo.

 

«Ah, Shizune. Buenos días. Hoy también estás muy bonita.»

«...Sí.»

 

Shizune se ocultó detrás de mí para alejarse de aquel sospechoso.

 

«Oye, Hirofumi. No asustes tanto a Shizune.»

«No la estoy asustando. Solo la saludé de una forma fresca y caballerosa.»

«¡¿En qué parte de eso hubo algo caballeroso?!»

 

Quien nos había abordado era Hirofumi Yagyu, el amigo varón con el que tenía más confianza en la universidad.

Todavía no le había contado que Shizune y «Kotone» eran la misma persona, pero sí le había explicado de forma vaga cómo nos habíamos conocido y le había dicho que ahora éramos amigos.

También sabía que Shizune iba a mi apartamento por las mañanas y por las noches.

Desde el día en que se lo conté, cada vez que me veía a solas con ella reaccionaba exactamente de esta manera.

Después de que Hirofumi se uniera a nosotros, los tres volvimos a caminar.

 

«Maldición... Qué suerte tienes. Todos los días llevas a una chica así de bonita a tu casa.»

«No la llevo yo.»

«Hasta hace nada ibas por ahí diciendo todo orgulloso: “Nunca he dejado entrar a ninguna mujer en mi habitación aparte de mi madre y mi hermana”, y ahora nos traicionas así de fácil... Mereces diez mil muertes. ¡Que te decapiten ahora mismo!»

 

Que te ejecutaran solo por eso me parecía demasiado.

 

«Aaaaaah... ¡De verdad que te envidio, maldito! Seguro que todas las mañanas Shizune va a tu casa y tienen conversaciones como: “Hermano mayor, si no te levantas ya vas a llegar tarde”, “Uuuu... cinco minutos más...”, mientras disfrutan de un refrescante inicio del día, ¿verdad?»

«¿Por qué demonios ahora somos hermanos?»

«No me digas que despiertas y encuentras a Shizune preparando el desayuno con un delantal y nada más, como si estuvieran jugando a ser recién casados... ¿No serás de ese tipo, verdad?»

«¡Ese “tipo” ni siquiera existe! Y, para empezar, ¿por qué estaría desnuda debajo del delantal?»

«Despertarte y encontrar a una mujer desnuda en tu habitación es el sueño de todos los hombres del planeta, ¿no?»

«Me sorprende que puedas mostrar tu lujuria de una forma tan descarada teniendo a Shizune justo al lado...»

 

Las estupideces de Hirofumi me dejaron completamente agotado.

Sin embargo, aquellas palabras que había pronunciado sin pensarlo demasiado se quedaron extrañamente rondando en mi cabeza.

...Vida de recién casados.

Shizune y yo no solo no estábamos casados.

Ni siquiera éramos pareja.

Aun así, el hecho de que ella visitara mi apartamento con tanta frecuencia tenía algo que, de alguna forma, recordaba a una vida matrimonial.

Aparté la mirada de Hirofumi y observé a Shizune.

Sin darme cuenta, imaginé cómo se vería haciendo las tareas de mi apartamento con un delantal encima de su ropa jirai-kei.

La combinación entre aquella moda y un delantal resultaba bastante extraña, pero alguien con una apariencia tan cuidada como la de Shizune probablemente podía hacer que cualquier tipo de ropa le quedara bien.

Incluso yo, que no era precisamente aficionado a ese estilo, pensaba así.

Por tanto, probablemente no estaba equivocado.

 

«...¿Shinsuke?»

 

Shizune se dio cuenta de que la miraba y ladeó la cabeza mientras me observaba desde abajo.

 

«¡N-no...! ¡No es nada!»

 

Agité inmediatamente ambas manos de un lado a otro para disimular.

No podía decirle que acababa de imaginarla usando un delantal.

 

«Mentira. Por cómo te alteraste, seguro estabas teniendo alguna fantasía obscena con Shizune. Dilo sin esconderlo, maldito pervertido reprimido.»

«No estaba imaginando absolutamente nada obsceno. Y precisamente tú eres la última persona que debería llamarme pervertido reprimido.»

«Yo no soy un reprimido. Soy un pervertido auténtico y orgulloso.»

 

No pongas esa cara de orgullo.

Es patético.

 

«Shinsuke... ¿eres un pervertido reprimido?»

 

Shizune acercó el rostro al mío con absoluta seriedad.

 

«Por favor, no te tomes en serio las estupideces de Hirofumi...»

«No son estupideces. Debajo de su escritorio tiene escondidas un montón de revistas doujin para adultos mezcladas entre sus materiales de ilustración y... ¡Auch!»

 

Golpeé con fuerza el hombro de Hirofumi para advertirle que no continuara.

 

«¿Doujinshi? ¿BL?»

 

Para mi sorpresa, aquello despertó el interés de Shizune.

 

«Sí. De los más intensos, con un montón de... ya sabes. ¿Verdad, Shinsuke?»

«¡No digas “¿verdad?”! ...Son doujinshi normales dirigidos a hombres.»

«Ah...»

 

Shizune bajó ligeramente los hombros y murmuró con decepción.

 

«¿Tú querías que yo fuera un fudanshi[1] o qué?»

«Si solo te interesaran los hombres, podría sentirme un poco más tranquila.»

 

¿Tranquila con respecto a qué?

 

«Shinsuke, ¿qué clase de doujinshi lees normalmente?»

«Bueno... ¿qué clase...?»

 

¿Por qué demonios me estaban interrogando sobre mis preferencias sexuales en plena universidad y a primera hora de la mañana?

 

«No hace falta que lo ocultes. Aunque fueras un degenerado capaz de excitarse viendo a un dragón apareándose con un automóvil, estoy preparada para aceptarlo hasta cierto punto sin juzgarte demasiado.»

«¡Mi nivel de degeneración no llega tan absurdamente lejos!»

«Eso, Shizune. No te preocupes. Sus preferencias al menos se limitan a seres humanos. ¿Verdad, Shinsuke, fanático de las fantasías de humillación?»

«¡Deja de inventar mentiras con tanta tranquilidad!»

«Pero sí vi uno de esos donde atrapaban a una chica robando en una tienda de conveniencia y luego...»

«¿Estás intentando empeorar deliberadamente mi reputación...?»

«¡Hasta empezaste a trabajar en una tienda de conveniencia porque te inspiró ese doujinshi!»

«...Shinsuke, obsceno.»

 

Shizune se estaba creyendo demasiado todo lo que decía Hirofumi.

Aunque, siendo sincero, sí tenía algunos doujinshi ambientados en tiendas de conveniencia.

 

«Bueno, dejando de lado que Shinsuke utiliza a la senpai Kujouu con su uniforme de la tienda como material para...»

«¡Nadie estaba hablando de eso!»

«...¿Senpai Kujouu?»

 

De pronto, el rostro de Shizune adquirió una expresión algo tensa.

 

«...¿? Oye, Shinsuke. ¿No le hablaste a Shizune de la senpai Kujouu?»

«No. Ahora que lo dices, nunca se lo mencioné.»

«Deberías contar esas cosas pronto o después acabarán teniendo problemas.»

«Nunca me lo preguntó. Además, ella solo es una amiga de la infancia.»

«...Amiga de la infancia.»

 

Shizune bajó la mirada ligeramente hacia delante y pronunció aquellas palabras con una voz extrañamente pesada.

 

«Oye... ¿esa amiga de la infancia es mujer?»

«¿Eh...? S-sí. Es una chica.»

«...¿Nombre?»

«C-Chitose Kujouu...»

«...Kujou Chitose. ¿Y es tu amiga de la infancia y además trabaja contigo?»

«S-sí...?»

 

Shizune comenzó a lanzarme una pregunta tras otra sobre Chitose.

Aquello me hizo recordar inmediatamente el interrogatorio al que me había sometido anteriormente en el estacionamiento de la tienda.

 

«Esa persona... ¿es bonita?»

«Para mí, más que bonita es del tipo elegante y hermosa. Aunque, mirándola de otra manera, también puede ser extremadamente adorable.»

«¡No respondas tú! ...Como la conozco desde pequeño y prácticamente crecimos juntos, yo no pienso especialmente que sea bonita o hermosa. Pero supongo que tiene facciones bastante atractivas.»

«...Hmm.»

 

Shizune me observó con los ojos entrecerrados y, acto seguido, apartó la mirada con gesto evidentemente molesto.

 

«Shinsuke, de verdad no entiendes nada sobre el corazón de una mujer.»

«¿Tú eres precisamente quien va a decirme eso?»

«Deberías observarme y aprender un poco de mí, Shinsuke.»

 

Me resultaba imposible creer que un hombre capaz de hablar de cosas tan vulgares delante de Shizune entendiera algo sobre las mujeres.

Mientras continuábamos hablando de aquellas estupideces, finalmente llegamos al edificio de clases.

Hirofumi y yo asistiríamos a la misma asignatura, pero Shizune tenía que separarse de nosotros allí.

 

«Bueno, nos vemos después, Shizune.»

«Sí. Iré otra vez por la noche.»

«No. Hoy tengo trabajo...»

«Entonces iré aproximadamente a la hora en que regreses.»

«...¿No crees que deberías reducir un poco la frecuencia con la que vienes?»

 

Intenté transmitir indirectamente algo que llevaba un tiempo pensando.

Shizune puso una expresión inquieta.

 

«¿Por qué?»

«Aprecio mucho que me ayudes con las tareas y, sinceramente, me facilitas muchísimo la vida. Pero tal como están las cosas, parece que hubiéramos firmado ese “contrato de esposa que viene de visita”, aunque en realidad nunca lo hicimos.»

 

Le había dicho que podía venir de vez en cuando.

Pero si seguíamos así, existía la posibilidad de que continuara visitando mi apartamento hasta que termináramos la universidad.

O incluso después de graduarnos.

Por su propio futuro, no me parecía una buena idea convertir aquella situación en una costumbre.

Ya era momento de decírselo claramente.

 

«Hoy no te preocupes por mí y haz lo que quieras. Aunque no vayas a volver a casa, deberías utilizar más tiempo para ti.»

 

Shizune necesitaba aprender a vivir pensando un poco más en sí misma.

 

«Aunque traigas comida o ingredientes, hoy no voy a dejarte subir. La próxima vez espera al menos unos cuantos días antes de venir, ¿de acuerdo?»

«...Entiendo.»

 

Shizune respondió con una voz tan débil que casi desaparecía.

Aunque verbalmente había aceptado, su expresión dejaba claro que no estaba conforme.

 

 

 

☆

 

 

 

Después de sobrevivir a las clases del jueves, desde el segundo hasta el cuarto periodo, tenía programado trabajar en la tienda de conveniencia desde las cinco de la tarde hasta las diez de la noche.

 

«Tú que siempre tienes cara de sueño... Qué raro verte tan despierto últimamente.»

 

Eran las nueve de la noche.

Quedaba una hora para terminar mi turno.

A aquellas horas casi no entraban clientes y los minutos parecían eternos.

Después de terminar prácticamente todas las tareas pendientes, Chitose y yo permanecíamos juntos detrás de la caja, charlando mientras esperábamos a que apareciera algún cliente.

 

«Bueno... han pasado algunas cosas. Últimamente estoy durmiendo bastante bien.»

«¿Será que dejaste de ver videos picantes todas las noches?»

«Nunca los veía para empezar.»

«Mentiraaa. Con solo mirar tu cara cualquiera puede saber si te masturbaste la noche anterior.»

«¡Eso no puede saberse por la cara!»

 

La verdadera razón por la que últimamente dormía mejor era que Shizune me ayudaba con las tareas domésticas.

Gracias a su apoyo podía empezar antes mis prácticas de ilustración y, como consecuencia, últimamente conseguía dormir bastantes horas.

Esa mañana había hablado con ella de una forma que quizá había sonado como si quisiera apartarla.

Pero, aunque apenas hubieran pasado unos días, era innegable que había estado apoyando mi vida diaria.

Al recordar la expresión que Shizune mostró cuando nos despedimos, comencé a sentir cada vez más arrepentimiento.

Quizá debería haber encontrado otra forma de decirle las cosas.

 

«Ah... cierto. Shin, hablando de masturbarse...»

«¿Hablando de masturbarse...?»

 

Aquella frase apareció de la nada y me desconcertó tanto que la repetí inmediatamente.

 

«¿Conoces ese club de pajeros?»

«¿No querrás decir mocosos precoces...?»

«Ah, sí, eso.»

 

¿Qué demonios era un «club de pajeros»?

Eso sonaba mucho más explícitamente degenerado.

 

«¿Has escuchado hablar de un club llamado “Yunomi”?»

«Nunca. ¿Es famoso?»

«Entre los de tercer año sí. En realidad funciona prácticamente como cualquier club universitario de beber, pero últimamente me han invitado un montón de veces. Se están poniendo tan pesados que ya me cansaron.»

 

Chitose se quejó con evidente fastidio.

 

«Eso sí que es raro. Tú rechazando invitaciones para beber.»

 

Como participaba en diferentes clubes y círculos universitarios, Chitose recibía invitaciones constantemente.

Cuando tenía turno en el trabajo solía rechazarlas, pero si tenía libre, casi siempre aceptaba.

 

«Es que ese club tiene una reputación horrible. El representante es un chico de tercer año que quedó cuarto o algo así en el concurso de Mr. Campus del año pasado. Al parecer invitan indiscriminadamente a chicas, las emborrachan y después intentan obligarlas a... bueno, ya sabes. Lo que normalmente llaman un “club para acostarse con chicas”.»

 

Chitose cruzó los brazos con expresión de desconfianza.

 

«También dicen que los métodos que usan para emborracharlas son bastante horribles. Aunque no sé cuánto habrá de verdad.»

 

Aquello estaba tan alejado de mi vida que costaba creer que ese tipo de grupos existieran realmente.

 

«Si ese club te tiene en la mira, ¿cómo rechazas las invitaciones?»

«Pues claro que les doy a todos una buena patada directamente entre las piernas. ¡PASH! Si son de esos idiotas que no entienden con palabras, les doy una patada desde abajo con todas mis fuerzas.»

 

La pierna de Chitose subió repentinamente hasta casi la altura de mi pecho.

Mi cuerpo se estremeció por reflejo.

 

«Si los rechazaras de una forma tan violenta, seguro que nunca volverían a invitarte.»

«Pues fíjate que cada día me invitan todavía más.»

«Entonces es una reunión de masoquistas.»

«Lo de las patadas era broma. ¿Te emocionaste un poquito?»

«¿Qué parte de todo eso se suponía que debía emocionarme?»

«Tenías cara de querer recibir una patada ahí abajo.»

«¡¿Qué clase de persona crees que soy?!»

 

Por desgracia para ella, mi nivel de perversión no llegaba hasta excitarme con aquello.

 

«Tú también ten cuidado, Shin. No vaya a ser que ese club te ponga en la mira.»

«Normalmente no persiguen a hombres.»

«Si son bonitos, claro que sí.»

 

Chitose me miró con seriedad.

 

«Además, ya sabes lo que dicen: “Una chica bonita con pene es como recibir un extra gratis”.»

«¡¿En qué parte de eso hay algo “gratis”?! Y, además, yo no soy bonito.»

«¿Seguro? Últimamente incluso te veo más femenino y adorable.»

«¿Femenino...? ¿En qué te basas para decir eso?»

«Hmm... ¿el olor?»

«No cambié el detergente ni uso perfume.»

«Hmm... no es exactamente eso. Es como si hubiera algo diferente.»

 

Chitose acercó la cara y comenzó a olfatearme como un perro.

Aprovechando que no había ni un solo cliente dentro de la tienda, empezó a caminar alrededor de mí, agachándose, levantándose y revisándome de arriba abajo sin el menor pudor.

La observé con una mirada de absoluto desprecio, pero a ella no pareció importarle.

Finalmente dejó de olfatearme mientras estaba agachada, levantó la vista hacia mis ojos y ladeó la cabeza con expresión desconfiada.

 

«Shin... ¿conseguiste novia?»

«...¿¡!?»

 

Me sobresalté muchísimo.

No tenía novia.

Pero sí estaba pasando bastante tiempo con una chica en particular.

No podía creer que hubiera sospechado algo solamente por el olor.

Hasta ese momento todavía no le había contado a Chitose nada sobre mi relación con Shizune.

No había ninguna razón especial para ocultarlo.

Pero resultaba un poco difícil explicarle que había dejado entrar varias veces a mi habitación a una chica que acababa de conocer, cuando ni siquiera Chitose, mi amiga de la infancia, había entrado nunca.

 

«Esa reacción confirma que acerté.»

«No... bueno... eso...»

«Ya decía yo que últimamente estabas actuando un poco extraño.»

 

Era impresionante.

Nos conocíamos desde el jardín de infancia.

No había forma de ocultarle nada.

Chitose se levantó con una sonrisa maliciosa y cruzó los brazos con aire orgulloso.

 

«Ahora vas a contarme todo con muchísimo detalle, despacio y saboreando cada palabra.»

«Con que me escuches tranquilamente es suficiente...»

 

Así que terminé explicándole todo lo ocurrido desde que había conocido a Shizune.

Lo único que omití fue el hecho de que había estado haciendo citas compensadas.

Todo lo demás se lo conté.

 

«Ya veo, ya veo.»

«¿Lo entendiste todo con una sola explicación?»

«La forma exacta en que se conocieron todavía no la entiendo, pero básicamente esa chica emocionalmente inestable llamada Shizune Kotosaka va todos los días a tu habitación, te ayuda con las tareas de casa y también con tus prácticas de ilustración, ¿verdad?»

«En teoría le había dado permiso para venir “de vez en cuando”...»

«¿Cuando vuelvas del trabajo hoy también estará allí?»

«No. Hoy no creo que vaya. Le dije claramente que no viniera.»

«Ya veo... Aunque quién hubiera pensado que Shin volvería a relacionarse con una chica.»

 

Chitose era una de las pocas personas que conocía mi trauma del pasado y mi historial amoroso.

Desde siempre había escuchado mis problemas.

Por eso le resultaba tan sorprendente que estuviera relacionándome otra vez con una mujer.

Y todavía más tratándose precisamente del tipo de chica que me generaba rechazo.

 

«¿Sientes algo especial por esa chica?»

«Algo especial...»

 

Si me preguntaban así, quizá sí.

Había ciertos aspectos de Shizune que me recordaban a la chica con la que había salido en primero de secundaria.

Por eso no conseguía dejarla sola.

Era una razón bastante patética, considerando que habían pasado tantos años.

 

«¿No será que te recuerda un poco a tu exnovia de primero de secundaria?»

«...Das miedo cuando aciertas todo de esa manera. Exactamente eso.»

«Wow. Acerté. Pero esa chica y la de ahora son personas completamente distintas, ¿verdad? No es que te reencontraras con ella por obra del destino.»

«Sí. Son personas totalmente diferentes.»

«Entonces, aunque ahora mismo te resulte difícil, deberías intentar no superponerlas. Sería una falta de respeto tanto hacia tu ex como hacia esa chica, Shizune Kotosaka.»

 

Shizune era Shizune.

No era mi exnovia.

Tratarla con amabilidad únicamente porque se parecía a alguien de mi pasado era casi como utilizarla como sustituta.

Hablar con Chitose tenía esa desagradable capacidad de hacerme ver con claridad mis peores partes.

 

«Vaya... Quién iba a pensar que Shin volvería a recoger a otra menhera.»

«No la “recogí”. Shizune no es un perro ni un gato.»

«Será humana, pero desde mi perspectiva se parece un poco a una gata ladrona.»

«¿Gata ladrona...?»

 

Qué mala manera de describirla.

Shizune no me robaba nada.

Al contrario.

Era ella quien me daba comida.

 

«Ahhh. Cuanto más escucho la historia, más celos me dan.»

«¿Celos?»

«Ni siquiera yo, que soy tu amiga de la infancia, he entrado nunca en tu habitación. Y ella se metió ahí tranquilamente el mismo día que te conoció, ¿no? ¿Cómo se supone que no voy a tener envidia?»

«Bueno... Admito que sí me siento un poco mal contigo por eso.»

«¿Y qué? ¿Te acostaste con ella?»

«¡Claro que no!»

«¿Entonces las “tareas domésticas” no incluyen servicio sexual...?»

«¡No pongas esa cara de sorpresa!»

 

Si hablaba en serio, empezaba a cuestionar seriamente sus valores.

 

«Si firmaras conmigo el “contrato de esposa que viene de visita”, eso estaría incluido.»

«No lo incluyas. Además, aunque lo firmáramos, tú ni siquiera sabes hacer las tareas domésticas.»

 

Por fuera, Chitose tenía reputación de ser una chica perfecta capaz de hacerlo todo.

Pero yo conocía desde pequeño lo terrible que era organizando sus cosas y lo mal que cocinaba.

 

«Je, je, je... No deberías subestimarme.»

«¿Has mejorado en algo? Porque cada vez que iba a tu habitación en casa de tus padres estaba llena de ropa tirada y libros por todas partes.»

«Desde que empecé a vivir sola, mi apartamento siempre está completamente limpio.»

«Eso sí que es impresionante. ¿Vivir sola cambia tanto a una persona?»

«Claro. Porque ya perdí absolutamente todo.»

 

Devuélveme la admiración de hace cinco segundos.

 

«No quiero pensarlo, pero... ¿no te estarán robando ropa o algo?»

«No, no. Imposible. Vivo en el cuarto piso de un edificio.»

 

Era verdad.

Incluso dejando ropa en el balcón, sería difícil que alguien pudiera robarla.

 

«Era una pequeña broma. Pero sí mantengo todo limpio.»

«Entonces sí has madurado un poco.»

«Cada vez que algo queda desordenado lo meto inmediatamente en una bolsa de basura. Así siempre está todo limpio.»

«¡Estás tirando la ropa y los libros!»

«Ah. ¿Entonces por eso no encontraba nada aunque buscara por todas partes?»

«¿¡Cómo puede ser que ni siquiera recuerdes haberlo hecho!?»

«Ordenar y limpiar es una molestia, ¿no? Pero hacerlo de mala gana tampoco es bueno, así que normalmente tomo alcohol y lo hago mientras estoy de buen humor.»

«¡Tienes un problema serio cuando bebes!»

 

Claro que una habitación termina limpia si simplemente tiras todo sin pensar.

Cuando la conversación llegó a una pausa, Chitose se estiró.

 

«Hmmmm.»

 

Luego miró alrededor de la tienda y cambió de tema.

 

«No me había dado cuenta, pero no entra nadie.»

«Ahora que lo dices... es verdad.»

 

Normalmente, incluso a esa hora, aparecían algunos clientes de vez en cuando.

Chitose se colocó en medio del mostrador y levantó ligeramente los talones para mirar hacia fuera.

 

«...¡Shin! ¡Shin!»

 

Me hizo señas y señaló a través de la ventana.

 

«¿No está cayendo un diluvio ahí fuera?»

«¿Eh...? Ah, sí...»

 

Sin que nos hubiéramos dado cuenta, había comenzado a llover con una intensidad increíble.

Como no entraban clientes y la música ambiental de la tienda ocultaba completamente el sonido de la lluvia, ninguno de los dos lo había notado.

 

«¿Trajiste paraguas?»

«No.»

«Ya me parecía. Yo tampoco... El pronóstico decía que estaría nublado.»

«Los pronósticos también fallan.»

«¿Crees que si gritamos al cielo dejará de llover?»

«¿Qué clase de anime juvenil estás intentando recrear?»

 

No podíamos hacer nada si no habíamos llevado paraguas.

Solo nos quedaba esperar que dejara de llover antes de que terminara el turno.

Si seguía así, tendría que gastar dinero innecesariamente comprando uno de plástico.

Tin-tin-tin-tin.

De repente sonó la melodía que anunciaba la entrada de un cliente.

Al mismo tiempo, el ruido de la lluvia inundó la tienda desde la puerta abierta.

Me aparté rápidamente del estante de cigarrillos donde estaba apoyado y adopté mi expresión de empleado responsable.

 

«Bienvenid...»

«B-bienvenida... ¿¡QUÉ!?»

 

Intenté saludar después de Chitose.

Pero en cuanto vi quién acababa de entrar, mi voz salió mucho más fuerte de lo previsto.

La chica sacudió el paraguas hacia el exterior para quitarle el agua, limpió la suela de los zapatos sobre la alfombrilla y caminó en línea recta hacia nosotros.

Era Shizune Kotosaka.

Y estaba completamente empapada.

 

«¿Por qué demonios viniste hasta aquí...?»

«Aunque solo sea formalmente, soy una clienta. Deberías elegir mejor las palabras que usas conmigo.»

«Ah... sí. Bienvenida.»

«Mucho mejor.»

 

Qué clienta tan arrogante.

 

«Te dije claramente: “Aunque vengas hoy no voy a dejarte subir”. ¿No lo recuerdas?»

«Lo que me dijiste que no podía visitar era tu apartamento. Nunca dijiste: “No vengas a la tienda de conveniencia”.»

 

Técnicamente tenía razón.

Pero aquello ya rozaba el sofisma.

 

«Entonces ¿para qué demonios viniste hasta esta tienda?»

«Pensé... que probablemente no habías traído paraguas.»

 

Shizune sacó un paraguas plegable de su bolso y me lo mostró.

 

«...Tú... ¿viniste hasta aquí solamente para traérmelo?»

«Sí. ...Y también traje comida.»

 

Después sacó su bolsa de almuerzo y la colocó sobre el mostrador.

 

«Hoy me dijiste que debería utilizar más tiempo para mí. Pero prepararte comida también es algo que hago por mí misma.»

«...Ya veo.»

 

Me sentí un poco avergonzado.

Aparté el rostro y me rasqué la mejilla.

Después de que hubiera hecho todo aquello, ya no podía rechazar sus sentimientos.

 

«Gracias.»

 

Lo dije en voz baja y acepté tanto el paraguas como la comida.

 

«Oye, oye.»

«¿Hmm...?»

 

Chitose me dio un par de golpecitos en el hombro y se acercó a mi oído.

 

«¿Esta es la famosa chica menhera?»

«...Sí.»

 

Chitose se separó y recorrió con la mirada todo el cuerpo de Shizune.

 

«...¿Quién es esta persona tan maleducada?»

 

Shizune puso abiertamente una expresión de disgusto y miró a Chitose como si estuviera contemplando basura.

 

«Ah, perdón, perdón. Solo estaba pensando que quizá hasta se parecen un poco en el estilo de ropa.»

«¿Nos parecemos...?»

«Nada importante. No le prestes atención.»

«...Ya veo. Oye, Shinsuke. ¿Esta es la amiga de la infancia que mencionaron esta mañana cuando hablabas con Hirofumi?»

«Ah, entonces ya sabes quién soy.»

 

Shizune entrecerró los ojos para leer la placa con el nombre de Chitose.

Esta última sonrió tranquilamente y extendió una mano hacia ella desde el otro lado del mostrador.

 

«Soy Chitose Kujou. Estoy en tercer año en la Universidad Joshita y soy amiga de la infancia de Shin.»

«...Segundo año. Shizune Kotosaka.»

 

Shizune se presentó con evidente desgana.

 

«Shinsuke. ¿Cuánto le contaste a esta mujer sobre mí?»

«Bueno... Que vienes a mi apartamento, haces algunas tareas y me ayudas con mis prácticas de ilustración. Más o menos eso.»

«Ya veo. Entonces no le dijiste que hacía citas compensadas.»

«No se lo dije, pero... ¡¿por qué demonios lo dices tú ahora?!»

«No intento ocultarlo.»

 

Shizune respondió con absoluta tranquilidad.

 

«Además, ahora ya no lo hago.»

«Citas compensadas... Ya veo, ya veo.»

 

Chitose asintió exageradamente, como si acabara de comprender algo.

 

Después murmuró algo a un volumen tan bajo que Shizune no podía escucharlo.

 

«Así que los rumores eran ciertos.»

 

...¿Rumores?

¿De qué estaba hablando?

 

«En cualquier caso, ¿por qué no dejas que Shizu espere dentro de la oficina?»

«¿Por qué?»

«Se tomó la molestia de venir bajo la lluvia solamente para traerte un paraguas y comida. Sería bastante cruel aceptar todo y después decirle: “Bien, ya terminé contigo. Vete a casa”. Eso sería como usarla y abandonarla. Deja ese tipo de cosas para tu hermana mayor.»

«¡No metas una mentira que pueda provocar malentendidos!»

«¿Usarla y abandonarla...? Shinsuke, ¿te acostaste con esta mujer?»

«¡Claro que no!»

«No es que sea imposibllllle, wow, wow.»

«¡No empieces a hacer cánticos como si estuviéramos en una fiesta universitaria!»

«Bueno, de todas formas, deja que espere aquí. Se molestó en venir con este clima solamente para traernos un paraguas.»

«El paraguas es únicamente para Shinsuke. No para ti. No te confundas.»

«Oooh. Tsundere.»

«No hubo ni una sola pizca de “dere” en esa frase.»

 

La conversación entre las dos desprendía una atmósfera ligeramente peligrosa.

¿Era realmente buena idea dejarlas solas?

 

«Por cierto, Shizune, ¿cómo viniste hasta aquí? No me digas que utilizaste como siempre esa bicicleta de señora.»

«Hoy vine en tren. Desde la estación caminé hasta aquí.»

«Caminar bajo semejante lluvia requiere valor.»

 

Aunque llevaba paraguas, Shizune estaba empapada.

¿Por qué demonios estaba dispuesta a hacer tanto por mí?

 

«De todas formas, hoy sí ven a mi apartamento. Si te vas así acabarás resfriándote.»

«Eh... ¿puedo? ¿De verdad?»

«Viniste bajo este clima horrible solo para traerme el paraguas. Y además preparaste comida.»

 

Por cómo se veía la lluvia, probablemente era una tormenta pasajera.

Si después del trabajo esperaba un rato en el apartamento, seguramente se calmaría antes del último tren.

 

«Por ahora quédate dentro de la oficina para calentarte. Te prestaré una toalla de empleados. Sécate un poco.»

 

Dejé que Shizune pasara detrás del mostrador y la conduje hacia la oficina.

 

«Voy a comprarte un café. Siéntate en esa silla y espera.»

«...Gracias. Pero... ¿de verdad está bien que entre alguien ajeno al personal?»

«No te preocupes. Nadie se va a enterar. Y si alguien dice algo, nuestro encargado es bastante razonable. Si le explicamos la situación, lo entenderá.»

«...Entiendo.»

 

Le di una toalla.

Shizune empezó a secarse la cara con pequeños golpecitos.

Después cubrió con la toalla la nariz y la boca y me observó fijamente.

 

«Yo... ¿te estoy siendo útil?»

«¿Eh...? Bueno... sí.»

 

Decir que una compañera de universidad me «era útil» sonaba bastante mal.

Pero, si tenía que elegir, era increíblemente útil.

Demasiado, incluso.

 

«Voy a esforzarme más para que me necesites todavía más.»

«...Ya veo.»

«Hmm. Qué bonito. Ahora sí que me están entrando celos.»

 

Chitose, que aparentemente había estado escuchándonos desde el mostrador, apareció silenciosamente detrás de mí y me agarró el hombro.

 

«¿Qué parte de toda esta situación podría darte celos?»

«Si veo delante de mí a Shin siendo amable con otra chica, claro que me entran celos impropios de mi edad. Ay, qué terrible es la juventud. Envejecer es horrible.»

 

Solo tenía un año más que yo.

Ni siquiera había salido de sus veinte tempranos.

 

«Además, acabo de ver cómo una chica consiguió delante de mis narices una invitación para entrar a la habitación de Shin. Como presidenta del club de fans de Shin, esto es motivo suficiente para enfermarme de celos.»

«El único miembro de ese club eres tú...»

«A mí me rechazaste un montón de veces y, en cambio, Shizu consiguió entrar tranquilamente. No me parece justo.»

 

Chitose empezó a retorcerse exageradamente mientras me miraba con ojos brillantes, como un niño pidiéndole algo a sus padres.

 

«En resumen, quieres que también te invite a mi apartamento, ¿verdad?»

«Oh. Parece que aprendiste telepatía.»

«Nunca había visto una petición tan obvia.»

 

Solté un profundo suspiro.

 

«Bueno. Si quieres venir, puedes.»

«¿Eh? ¿De verdad? ¿Así de fácil?»

«Eres mi amiga desde hace años. Hasta ahora siempre te dije que no, pero si me hubieras pedido seriamente entrar alguna vez, probablemente te habría dejado.»

«¿Hmm? ¿Acabas de decir “venirte dentro”?»

«No saques fragmentos extraños de una frase. Dije que somos amigos “desde hace años”.»

«Era una broma. No te pongas tan tenso.»

 

No hagas bromas precisamente ahora.

Me desconcentras.

 

«...Entonces, ¿cuándo piensas venir al apartamento?»

«Pues, aprovechando tu amable invitación... ¿qué tal hoy mismo?»

««¡¿QUÉÉÉ...?!»»

 

Mi voz y la de Shizune resonaron simultáneamente dentro de la oficina.

 

«¡Espera un momento! ¡Eso es demasiado repentino!»

«Los dos vivimos solos, así que no hay problema. Además, la primera vez que dejaste entrar a Shizu también fue algo repentino, ¿verdad? No cambiará mucho que tengas uno o dos invitados.»

«Decidir si cambia o no cambia es cosa mía...»

 

Aunque, siendo estrictos, tener dos personas en vez de una tampoco hacía una diferencia enorme.

Moví únicamente los ojos para observar de reojo la expresión de Shizune.

 

«............»

 

Shizune fruncía profundamente el entrecejo y clavaba una mirada hostil sobre Chitose.

 

«...Si Shinsuke está de acuerdo, no me importa.»

 

Aceptó de una forma que dejaba clarísimo que sí le importaba.

¿Realmente era buena idea dejar entrar a las dos al mismo tiempo?

Por favor.

Solo esperaba que no ocurriera ningún desastre dentro de mi apartamento.

 

 

 

☆

 

 

 

«¡Con permisoooo!»

 

En cuanto abrí la puerta, Chitose entró como si estuviera proclamando que había llegado primera.

 

«...Realmente eres una molestia.»

 

Shizune la siguió, acompañando sus pasos con aquel comentario venenoso.

 

«...Estoy preocupado.»

 

Observé sus espaldas durante unos segundos y cerré lentamente la puerta.

Después de terminar el turno, había conseguido regresar sano y salvo al apartamento con Shizune y Chitose en medio de aquella lluvia torrencial.

 

«Voy a preparar el baño. Ustedes dos esperen primero en la sala.»

 

Saqué tres toallas del armario del lavabo y les entregué una a cada una.

 

«Oooh. Shin sí que es un caballero.»

«En vez de burlarte, preocúpate por no quedarte helada.»

 

Nada más recibir la toalla, Chitose caminó directamente hacia la sala como si hubiera visitado aquel apartamento cientos de veces y abrió la puerta de golpe.

 

«Vaya, qué apartamento tan grande y limpio. Tener la universidad, la estación y el trabajo tan cerca... Esto sí que es una propiedad excelente.»

«Siento que ya te he escuchado decir eso muchas veces.»

 

Después de terminar de preparar el baño, entré en la sala.

 

«Dentro de unos veinte minutos estará lleno. Cuando esté listo, una de ustedes puede bañarse primero.»

«¿Tú no vas primero, Shinsuke?»

«Yo puedo esperar. Gracias a ustedes, tampoco terminé tan mojado.»

«Ya entendí. Quieres que nos bañemos primero y después beberte el agua usada de la bañera, ¿verdad?»





«¡¿De verdad parezco un pervertido tan sofisticado?!»

«Tranquilo, Shinsuke. Por ahora solo pareces completamente inofensivo. Incluso si bebieras el agua usada de la bañera, seguramente pensaría: “Qué persona tan ecológica”, en vez de verte como un pervertido.»

«Eso también es bastante ofensivo y, además, beber agua de la bañera claramente supera cualquier definición razonable de “ecológico”...»

 

Dejé caer los hombros ante el peculiar intento de Shizune por defenderme y dirigí la mirada hacia la ropa que llevaban las dos.

Yo había utilizado solo el paraguas plegable que Shizune me había prestado.

Ellas, en cambio, habían compartido un único paraguas.

Como consecuencia, tanto Shizune como Chitose estaban completamente empapadas.

 

«Primero tendremos que pensar qué hacemos con la ropa...»

 

Por lo mojadas que estaban sus prendas, seguramente tardarían bastante en secarse.

 

«Puedo prestarles toallas y el secador sin problema, pero tendremos que solucionar lo de la ropa de cambio...»

«¿Una toalla de baño...? ¡¿Me vas a prestar una toalla impregnada hasta la última fibra con el olor de Shin?!»

«Esa era mi intención, pero ahora me da un poco de miedo prestársela a una pervertida...»

«Eeeeh, qué injusto. Es como encontrarte un adelanto de altísima calidad y después descubrir que la película para adultos completa está hecha sin ganas.»

«Si vas a poner un ejemplo, al menos usa uno que sea fácil de entender.»

«Quiero decir que esto es una tortura.»

 

No pongas tantas expectativas en una simple toalla.

 

«Solo para asegurarme... ninguna de las dos trajo ropa de cambio, ¿verdad?»

«Yo no. Dejé toda mi ropa del trabajo allí.»

«Yo tampoco.»

 

Ambas negaron con la cabeza.

 

«Si no les importa... ¿podrían usar por ahora algo de mi ropa?»

«¿La ropa de Shin...? ¡¿Ropa impregnada hasta la última fibra con el olor de Shin...?!»

«Chitose, ¿quieres pasar la noche desnuda?»

«Qué cruel de repente. Aunque, si es delante de Shin, tampoco tendría problema en mostrarle mi cuerpo.»

«Sí, definitivamente voy a prestarte ropa. Por favor, úsala. ...¿Y tú, Shizune?»

«...Yo también quiero usar ropa de Shinsuke.»

«Entendido. Entonces solo queda otro problema... la ropa interior.»

 

Evidentemente, no tenía sostenes ni ropa interior femenina de repuesto en el apartamento.

Miré fugazmente la falda de Shizune y los pantalones cortos de Chitose.

 

«Esto es un poco incómodo de preguntar, pero... ¿también se les mojó la ropa interior?»

«Arriba está bien, pero abajo está tan mojado que podría haberme orinado encima y nadie notaría la diferencia.»

«Eso sí que es un desastre.»

«Yo también estoy bastante mojada abajo.»

 

Como imaginaba...

Me llevé una mano a la cabeza.

 

«Tampoco puedo prestarles mi ropa interior...»

«A mí no me molestaría usar unos calzoncillos de Shinsuke.»

 

De repente apareció en mi cabeza una imagen de Shizune usando mi ropa interior.

 

«No... no, no, no, no. Eso sí que no.»

 

Sacudí violentamente la cabeza para expulsar aquella imagen.

 

«Yo también quiero ponerme unos calzoncillos de Shin en la cabeza.»

«¡Los calzoncillos se usan en la cintura!»

 

A Shizune todavía podría entenderlo.

Pero a Chitose no quería prestarle absolutamente nada.

 

«A mí tampoco me importaría estar sin sostén ni ropa interior.»

«¡Eso también queda descartado!»

 

Yo también era un hombre.

Podría tener un poco más de cuidado conmigo.

 

«Pero en casa a veces estoy sin sostén.»

«Podría dejar pasar lo del sostén, pero por higiene deberías llevar ropa interior.»

«Entonces seguiré usando la que tengo.»

«Sí... perdona, pero haz eso.»

«A partir de ahora dejaré aquí varias prendas interiores de repuesto.»

«Sí... no... espera... Eso quizá tampoco sea buena idea...»

 

Si Hirofumi llegaba a encontrarlas algún día, podría desatarse una auténtica catástrofe.

 

«Por ahora voy a comer el almuerzo que me preparaste. ¿Ustedes qué harán? ¿Comerán algo después del baño?»

«Yo estoy bien. Compré alcohol en la tienda.»

«El alcohol no cuenta como cena.»

«Claro que compré otras cosas. Brochetas de pollo frito, papas fritas y unos fideos instantáneos.»

«Todo tiene una cantidad absurda de calorías... ¿Siempre comes así?»

«¡Claro! ¡Yo también sigo en edad de crecimiento!»

 

Chitose cruzó los brazos bajo el pecho y lo levantó deliberadamente para hacerlo resaltar.

Todavía era joven y conseguía mantener la figura, pero si continuaba comiendo así todos los días, algún día sería imposible distinguir bajo la ropa dónde terminaba el pecho y comenzaba el abdomen.

 

«Parece que Chitose ya tiene su menú para engordar. ¿Y tú, Shizune?»

«Yo ya comí en casa.»

«Entiendo. Si después quieres picar algo, avísame. Tengo pan dulce y comida congelada.»

 

Saqué la bolsa de almuerzo de mi mochila y extendí el contenido sobre la mesa.

 

«Woooow. La comida casera de Shizu se ve deliciosa.»

 

Chitose levantó la voz con entusiasmo al ver el contenido.

 

«...No es nada especial.»

 

Shizune apartó rápidamente la cara para esconder el rubor.

Sin embargo, parecía bastante contenta de que Chitose hubiera elogiado su comida.

La parte superior de la fiambrera de dos niveles estaba llena de arroz blanco espolvoreado con sésamo.

En la parte inferior había ensalada de papa condimentada con pimienta negra y, ocupando la otra mitad, nikujaga bien impregnado de salsa.

 

«Lo preparé como te prometí esta mañana... ¿qué te parece?»

 

Shizune me observó fugazmente para estudiar mi reacción.

 

«Se ve increíblemente bueno. Gracias.»

 

Al agradecerle, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

 

«Shin sí que sabe vivir, ¿eh? Tener todos los días a una chica tan bonita preparándole comida.»

«No es que yo se lo ordene. ...¿Ya puedo comer?»

 

Después de comprobar que Shizune asentía, junté las manos.

 

«Buen provecho.»

 

Tomé los palillos que ella misma había traído, agarré un trozo de nikujaga y me lo llevé a la boca.

 

«Hmm... Esto está buenísimo.»

«...Me alegra.»

 

Shizune soltó un suspiro de alivio al escuchar mi opinión.

 

«Yo también quiero probar un poquito.»

«No.»

«Buuu. Shizu es mala conmigo.»

«Depende de Shinsuke.»

«Eeeh... Bueno, supongo que un poco no pasa nada.»

«¡Perfecto! ¡Entonces no me contendré!»

 

Y, efectivamente, Chitose no se contuvo en absoluto.

Con muy pocos modales, tomó con los dedos uno de los trozos de cerdo más grandes del nikujaga y se lo metió directamente en la boca.

 

«Hmm, hmm... Este sabor exige sake.»

 

Sacó tranquilamente una lata de sake de la bolsa de la tienda, la abrió y acompañó aquel único bocado de nikujaga con un trago.

 

«¡Puaaah! Nada como beber después del trabajo... Oye, Shin, Shin... ¿podrías regalarme otro pedacito? Solo uno más.»

 

Chitose presionó su voluminoso pecho contra mi brazo mientras me suplicaba.

¿No se le estaba poniendo la cara roja con un solo trago?

 

«Dijiste que solo querías probar. Y no me digas que ya estás borracha solo con eso...»

«Solo la puntitaaa.»

«¡El nikujaga no tiene “puntita”! ¡Cómete lo que tú compraste!»

 

Pensándolo mejor, incluso sobria hablaba y se comportaba de esa manera.

Realmente era difícil determinar si estaba borracha.

 

«Pero en serio... está buenísimo.»

 

No solo el nikujaga.

La ensalada de papa también era excelente.

Además, todo parecía pensado nutricionalmente.

Comenzaba a parecerme que dejarle la cocina a Shizune era infinitamente mejor que cocinar yo mismo.

 

«Tú sabes hacer prácticamente todas las tareas domésticas. Creo que si empezaras a vivir sola tendrías muchos menos problemas que yo.»

«No lo sé. Si realmente viviera sola, probablemente ni siquiera cocinaría. Ahora puedo seguir haciéndolo porque cocino para otra persona.»

«Sí, supongo que cuando es solo para uno mismo acaba dando pereza.»

«Creo que me iría mejor viviendo en una casa compartida... o con alguien.»

«Por cómo te comportas ahora, yo también lo creo.»

 

Poder esforzarse por otra persona era una de las grandes virtudes de Shizune.

Incluso aunque su objetivo fuera «poder seguir viniendo a mi apartamento», aquel día se había preocupado tanto por mí que había salido bajo la lluvia únicamente para traerme un paraguas.

Quizá cuando estaba completamente sola era cuando terminaba recurriendo a malas decisiones, como las citas compensadas.

Pero si conseguía construir un vínculo estrecho con al menos una persona y compartir con ella su vida cotidiana, probablemente disminuirían mucho las posibilidades de que volviera a tomar ese camino.

 

«Shinsuke, viviendo solo... ¿nunca tienes ganas de volver a casa con tu familia?»

«Cuando llegué aquí sí. Al principio tenía una nostalgia terrible. Tampoco sabía hacer casi nada en casa y no tenía ganas de aprender. ...Después de empezar a vivir solo entendí de verdad todo lo que hacían mis padres. Pensé: “Ah... así de agotadoras eran las tareas domésticas”.»

«Si eres capaz de pensar así, tus padres deben ser personas maravillosas.»

«Quizá tú también, cuando empieces a vivir sola, termines sintiendo algo pareci... Perdón.»

 

Vi de reojo el perfil de Shizune y detuve la frase antes de terminarla.

Querer abandonar la casa familiar.

Querer vivir sola.

Querer independizarse.

Seguramente muchos universitarios pensaban alguna vez en eso, pero probablemente solo una minoría llegaba realmente a tomar medidas para conseguirlo.

La determinación de Shizune por abandonar su hogar era auténtica.

Precisamente por eso estaba ahora aquí.

Yo no conocía realmente las partes más profundas de su situación familiar.

No tenía derecho a decir cosas irresponsables.

Sin embargo, Shizune permaneció unos segundos en silencio y finalmente respondió.

 

«Yo probablemente... nunca pensaría así. Aunque después de irme terminara con una deuda enorme, o incluso en prisión, seguramente seguiría pensando que sería mejor que continuar en esa casa.»

 

Por un instante, tuve la impresión de que sus ojos se habían vuelto completamente negros.

 

«Eso... es bastante extremo.»

«Solo quiero vivir libremente. Para eso necesito cierta cantidad de dinero y, si terminara en prisión, estaría todavía más lejos de la libertad. Así que al final la mejor opción sigue siendo ganar dinero y marcharme de casa.»

«El baño está listo.»

 

La voz automática del calentador resonó en la sala.

 

«Parece que ya está.»

«...Sí. Entonces ¿cuál de ustedes entra primero?»

«Ah, ya sé. Shizu, entra conmigo.»

«¿Eh...? ¿Por qué tendría que bañarme contigo...?»

«Vamos. Hay que respetar la cultura japonesa de los baños públicos.»

«Esto no es un baño público... Espera...»

 

Chitose agarró casi a la fuerza el brazo de Shizune y comenzó a arrastrarla hacia el baño.

Ignoraba completamente lo que Shizune quería, pero quizá esa era la forma particular que tenía Chitose de intentar acercarse a ella.

Me quedé observando en silencio cómo se marchaban y continué comiendo.

 

«...Gracias por la comida.»

 

Después de terminar completamente el almuerzo, junté las manos y bajé ligeramente la cabeza.

Miré el reloj de la pared.

Habían pasado unos veinte minutos desde que Shizune y Chitose habían ido al baño.

 

«Supongo que lavaré la fiambrera.»

 

Me levanté del cojín, tomé el recipiente y fui hasta la cocina.

Últimamente había dejado prácticamente todas las tareas domésticas en manos de Shizune, por lo que hacía bastante tiempo que no lavaba los platos personalmente.

De pie frente al fregadero, retiré primero los restos de comida con papel, llené la esponja de espuma y lavé cuidadosamente cada pieza.

 

«Se nota que vives solo. Ya dominas todas las tareas de casa.»

 

La puerta se abrió con un chirrido y escuché una voz detrás de mí.

 

«...Ah. Eras tú.»

«Si fuera alguien que no fuese Shizu o yo, tendrías un problema bastante serio.»

 

Al girarme, vi el rostro de Chitose asomándose por la abertura de la puerta.

Tenía el cabello completamente mojado.

 

«¿Dónde está Shizune? Pensé que se estaban bañando juntas.»

«Yo solo me duché y salí primero. Shizu todavía está dentro de la bañera. Ah, ¿puedo usar el secador?»

«Sí, úsalo. ...¡Espera! ¡No abras más esa puerta!»

«¿Eh? ¿Me estás encerrando?»

«¡No! ¡Ponte ropa antes de salir!»

«Es que no sé dónde está la ropa que ibas a prestarme.»

 

Cierto.

Había dicho que les prestaría ropa, pero había olvidado dejarla preparada en el baño.

 

«Espera ahí. ¡Voy a buscarla ahora mismo!»

«No hace falta, no hace falta. Termina primero de lavar.»

 

Chitose salió al pasillo llevando únicamente una toalla grande enrollada alrededor del cuerpo y entró a la sala con el secador en la mano.

 

«No tenías que salir... Hay enchufe en el baño.»

«Mira cómo apartas la mirada. ¿Será que estás demasiado consciente de tu hermana mayor?»

«No es cuestión de estar consciente o no. Si tienes delante a una mujer cubierta únicamente con una tela, lo normal es apartar la vista.»

«¿Seguro? Creo que un chico normal miraría fijamente hasta que le explotara la entrepierna. ¿Tan poco atractiva soy como mujer?»

 

Atractivo femenino tenía de sobra.

La toalla se curvaba claramente alrededor de su abundante pecho, y por encima del escote improvisado quedaba visible mucha más piel de la que yo quería mirar.

Sinceramente, no sabía dónde colocar los ojos.

 

«Por cómo tienes de rojas las mejillas, parece que tan poco atractiva no soy.»

«¿También haces esto tranquilamente delante de otros hombres...?»

«No, no. Delante de chicas no me importa, pero con hombres solo lo haría delante de alguien en quien confío muchísimo. Por ahora... mi padre y Shin.»

«Tu padre es una cosa, pero yo soy simplemente tu amigo de la infancia. Ni siquiera tenemos parentesco.»

«Qué distante. Somos más parecidos a hermanos que la mayoría de hermanos reales, ¿no? Prácticamente cuenta como si lo fuéramos.»

 

Chitose se dirigió hacia el refrigerador situado en un extremo de la cocina y sacó una lata de sake.

 

«¿Cuándo metiste eso ahí?»

«Antes de ducharme. Ah, tomé prestado tu refrigerador.»

«Eso se avisa antes, no después.»

 

Aunque tampoco me importaba.

 

«Ya bebiste antes. ¿Estás bien? El sake tiene bastante alcohol.»

«Tranquilo. Aunque no lo parezca, aguanto muchísimo. No recuerdo haber tenido nunca problemas por beber.»

 

Abrió la lata con absoluta confianza y tomó un buen trago.

 

«Ya que estamos, ¿quieres beber conmigo? Tengo más enfriándose.»

«No. Todavía tengo diecinueve.»

«Entonces cuando cumplas veinte beberemos juntos.»

«Siempre que tú invites.»

«No me importa, pero en cierto sentido te saldrá caro.»

«¿Qué significa eso?»

«Pensaba cobrarte con el cuerpo.»

«¡No tengo intención de dejar que me lleves a casa!»

«Te emborracharé y te llevaré a un hotel a la fuerza.»

 

Normalmente se suponía que los papeles eran al revés.

 

«Por cierto, Shin... de verdad eres bastante popular.»

«¿A qué viene eso ahora?»

«Hmm. Solo estaba pensando.»

«...¿?»

 

Chitose me miró y sonrió.

Pero no parecía una sonrisa auténtica.

Más bien daba la impresión de estar pegada artificialmente sobre su rostro.

Había algo incómodo en ella.

 

«Esto es solo una suposición mía, pero... Shizu está interesada en ti, ¿verdad?»

«...No. No creo que esté interesada en mí de esa manera.»

«¿Eh? ¿Por qué puedes afirmarlo con tanta seguridad?»

«...Porque probablemente solo está buscando a alguien de quien depender. Yo aparecí en el momento adecuado, cumplía las condiciones que necesitaba y por eso dirige hacia mí esa clase de afecto.»

 

Shizune Kotosaka sentía, sin duda, cierto cariño hacia mí.

Pero no era exactamente el «amor» romántico del que normalmente hablaba la gente.

Aunque podía parecerlo desde fuera, la raíz era completamente distinta.

Solo estaba buscando un lugar donde depositar su dependencia.

Utilizándome para distraerse de sus propios problemas.

Todas las chicas menhera con las que había salido en el pasado habían sido iguales.

Quizá por mi personalidad, la gente tendía a contarme sus problemas.

Por alguna razón, había escuchado muchas veces las preocupaciones de chicas con esa clase de dificultades.

Además de las tres con las que terminé saliendo, también había habido algunas otras que, después de pedirme consejo varias veces, acabaron confesándose aunque nunca llegáramos a tener una relación.

Pero ninguna había estado verdaderamente interesada en mí.

Simplemente habían confundido el hecho de que escuchara sus problemas con enamoramiento.

 

«Sigues complicándote la vida exactamente igual que antes. Es tan propio de ti que hasta me tranquiliza.»

«Yo pensaba no volver a relacionarme nunca con una chica menhera...»

«Tuviste bastantes problemas por culpa de todo eso.»

 

Chitose asintió recordando el pasado con una sonrisa amarga.

 

«Pero a Shizu le tendiste la mano por voluntad propia. ...¿Por qué eres tan buena persona, Shin?»

 

Bebió sake y levantó la mirada hacia el techo.

 

«No soy tan buena persona. Como te dije durante el trabajo, Shizune me recordaba un poco a mi ex y no pude ignorarla. Si hubiera sido cualquier otra chica menhera, probablemente no habría acabado haciendo todo esto... creo.»

«¿En qué se parecen exactamente? El tipo de ropa sí se parece a la de tu ex, pero de cara y personalidad no demasiado.»

«Además del estilo jirai-kei, están los problemas que arrastra Shizune. No he querido profundizar demasiado, pero parece tener dificultades muy serias relacionadas con su familia.»

«Problemas familiares... Sí. Tu novia de primero de secundaria también tenía algo parecido. ...Así que sentiste lástima por Shizu y por eso fuiste amable con ella.»

«No creo estar siendo especialmente amable... pero sí siento compasión.»

«Shin es muchísimo más amable de lo que cree. Pero ten cuidado. Cuando eres demasiado amable con una chica, puede pensar muy fácilmente: “Quizá le gusto”.»

«Ya he escuchado esa advertencia unas cuantas veces...»

«Dar falsas esperanzas es pecado. Además, tú estás en lo más alto en cuanto a atractivo. Si eres amable con una chica cuando está emocionalmente vulnerable, se enamorará inmediatamente.»

«Sí, sí.»

 

La única persona en todo Japón que me consideraba extremadamente atractivo probablemente era ella.

Chitose terminó de golpe el sake que quedaba en la lata.

 

«Entonces... ¿crees que algún día podrías enamorarte de Shizu?»

«...Quién sabe.»

 

Todavía conservaba aquella incomodidad hacia las chicas vestidas al estilo jirai-kei.

Tampoco había desaparecido mi deseo de evitar relacionarme con chicas emocionalmente inestables.

Sin embargo...

Extrañamente, el trauma que sentía al estar cerca de Shizune parecía debilitarse poco a poco.

Y aquella «vida medio compartida» con ella comenzaba a integrarse en mi rutina.

No sabía cómo cambiarían mis sentimientos en el futuro.

Pero aun así...

 

«Dejando a un lado si siento algo romántico o no... sí pienso bastante en cuánto tiempo va a continuar esta vida. Tal como están las cosas ahora.»

«Hmm. Parece que tienes sentimientos complicados.»

 

Chitose sacó otra lata del refrigerador, bebió como si estuviera echándosela directamente por la garganta y limpió con el pulgar unas gotas que se le habían escapado de la boca.

 

«...Shin es demasiado amable. Así que para que no vuelvan a hacerte daño... tu hermana mayor también hará lo posible desde las sombras.»

«...¿? ¿Qué quieres decir con “hará lo posible”?»

«Que si alguna vez necesitas consejo, puedes contar conmigo.»

«Ah. En ese caso te tomaré la palabra.»

 

La actitud alegre de Chitose me había salvado muchas veces.

Normalmente era una idiota que solo decía estupideces.

Pero cuando yo tenía un problema, siempre aparecía enseguida y me escuchaba.

Precisamente por eso la apreciaba casi como si fuera realmente mi hermana mayor.

 

«Ahh... Ya terminé de lavar. Y tú deja de beber tanto. Sécate el cabello antes de que Shizune salga y necesite el secador.»

«No... espera. Me estoy empezando a sentir un poco mal... Ugh.»

«Claro que te sientes mal si bebes sake de golpe... Shizune también necesitará el secador, así que date prisa y... Ah.»

 

De repente recordé una de las cosas que había olvidado.

 

«Maldición. ¡Se me olvidó completamente!»

«¿Qué se te olvidó?»

«¡¿Tú también lo olvidaste?! ¡La ropa! ¡La tuya y la de Shizune!»

 

El pánico apareció de repente y levanté la voz.

Me había concentrado tanto en la conversación que incluso había olvidado que Chitose seguía prácticamente desnuda.

Corrí hasta la cómoda, saqué dos conjuntos de pantalón y chaqueta deportiva y dos camisetas, y me dirigí rápidamente hacia el baño.

 

«Ah, Shin, espe...»

 

Escuché a Chitose intentando detenerme.

Pero como me había movido con tanta prisa, ya no pude frenar inmediatamente.

Y así...

Cometí otro error.

Sin comprobar si Shizune había terminado de bañarse.

Sin llamar siquiera a la puerta.

Abrí de golpe la puerta del vestidor.

 

«...Ah.»

 

La voz que se escapó no fue la de Chitose.

Tampoco la mía.

Fue la de Shizune.

Mi cerebro se quedó completamente paralizado.

No conseguí pronunciar ni una sola palabra.

Al otro lado de la puerta...

Lo primero que entró en mi campo de visión fue el cuerpo desnudo de Shizune.

Una enorme cantidad de información sobre cada detalle de su cuerpo se grabó instantáneamente en lo más profundo de mi cerebro.

Durante los segundos que tardé en recuperar la capacidad de pensar, mi mente quedó completamente llena de su desnudez.

 

«......»

 

Shizune permaneció en silencio, mirándome fijamente.

Una ola de arrepentimiento cayó sobre mí.

Sentí sudor en la frente.

Lo normal habría sido que gritara.

Y, dependiendo de cómo reaccionara, tampoco podría quejarme si me golpeaba, me pateaba o incluso llamaba a la policía.

 

«¡Perdón! ¡En serio, perdón!»

 

A punto de llorar, repetí la disculpa desesperadamente.

 

«...No hace falta que te disculpes.»

 

Contrariamente a lo que esperaba, Shizune me perdonó con su tono habitual y tranquilo.

 

«Sé que no lo hiciste a propósito... Y además... si eres tú, Shinsuke, tampoco me importa demasiado que me veas...»

 

Lo último lo dijo de una manera ligeramente torpe.

Sentí un enorme alivio.

Dejé en el suelo los pantalones deportivos y las camisetas que llevaba.

 

«E-entonces... puedes usar esto...»

 

Aparté completamente la cara para no volver a verla desnuda e intenté marcharme fingiendo calma.

Pero justo entonces...

 

«Ugh... qué mal... Ngh.»

 

Escuché un gemido detrás de mí.

Todo mi cuerpo se estremeció.

 

«O-oye... Chitose, ¿te encuentras mal?»

«Intenté... correr... para detenerte... Ugh... y el alcohol...»

 

El movimiento repentino había hecho que sintiera náuseas.

Chitose se aferró a mi hombro.

Su respiración se volvió cada vez más agitada.

Infló las mejillas.

 

«...Ueghhhhhhh.»

 

Y entonces Chitose vomitó por todo el pasillo de mi apartamento.

En ese momento finalmente me arrepentí de haberla invitado.

Eso de que «no recordaba haber tenido problemas bebiendo» seguramente significaba simplemente que tampoco recordaba sus borracheras.

 

 

 

☆

 

 

«¿Ya no queda olor, verdad...?»

«Sí. No hueles mal.»

 

Vestida con el conjunto deportivo que le había prestado, Shizune acercó la nariz a mi abdomen, olfateó varias veces y formó un círculo con los dedos para indicarme que estaba bien.

Después de que Chitose me cubriera de vómito, corrí inmediatamente al baño y me lavé con tanta fuerza que parecía querer arrancarme la piel.

No me había mojado demasiado con la lluvia.

Pero jamás habría imaginado que terminaría empapado de vómito.

 

«Por cierto... gracias por limpiar todo. Me salvaste.»

«No pasa nada. Casi sentía que me iban a salir alas en la nariz y que mi conciencia saldría volando con ellas.»

«...Debió de ser bastante duro.»

 

Al parecer, mientras yo estaba en el baño, Shizune se había encargado de limpiar el desastre.

Cuando salí ya cambiado con el pijama, el pasillo había recuperado completamente su aspecto original.

Quizá después tendría que obligar a Chitose a arrodillarse y pedirle disculpas sinceramente.

 

«...Aun así, esto se ve raro.»

«¿Raro?»

«Sí... tu ropa.»

 

Hasta ese día solo había visto a Shizune usando uniforme marinero o ropa jirai-kei.

Por eso verla con mi ropa deportiva me resultaba extremadamente extraña.

No era que le quedara mal.

Al contrario.

Gracias a su buena apariencia natural, incluso aquel sencillo conjunto demasiado grande para ella conseguía verse adorable.

Aun así, seguía resultándome extraño.

Probablemente la imagen de Shizune con su ropa habitual estaba demasiado grabada en mi cabeza.

Por mucho que la mirara con el chándal, mis ojos no parecían capaces de acostumbrarse.

 

«...Shinsuke, estás mirando demasiado.»

«Ah... Perdón.»

 

Aparté inmediatamente los ojos.

 

«Ahora tampoco llevo maquillaje... Así que me da vergüenza que me mires tanto.»

 

La observé de reojo.

Shizune entrelazaba nerviosamente los dedos, tenía las mejillas rojas y hablaba con cierta dificultad.

La ropa me había llamado tanto la atención que casi no había reparado en ello.

Era la primera vez que veía a Shizune sin maquillaje.

Su cabello blanco, que normalmente llevaba recogido en dos medias coletas, también estaba completamente suelto después de haberlo secado.

Su apariencia actual me hacía imaginar cómo se vería cuando estaba relajada dentro de su propia casa.

Aun así, incluso sin maquillaje tenía un rostro suficientemente bonito.

No entendía demasiado bien por qué una chica podía sentirse tan avergonzada de ser vista así.

El corazón femenino seguía siendo un misterio.

 

«Oye, Shinsuke. Dejando de lado mi ropa... ¿vas a seguir ignorando a esa persona?»

 

Shizune señaló a la senpai completamente derrotada que continuaba tirada en el pasillo.

 

«Podría dejarla ahí, pero acabaría estorbando.»

 

Me agaché junto a Chitose y le di un par de golpecitos en la mejilla.

 

«Mmm... ¿ya es de mañana?»

«Es de noche. No te quedes tirada aquí. Como mínimo muévete hasta la cama.»

 

Chitose abrió los ojos y comenzó a mirar alrededor con la expresión de un niño perdido.

 

«¿Eh...? ¿Cuándo me puse este chándal?»

«Shizune te cambió mientras estabas inconsciente.»

«¿Y por qué tú también te cambiaste, Shin...?»

«Porque me vomitaste encima.»

«No recuerdo absolutamente nada.»

«No vuelvas a beber...»

«Uuuu... Me está empezando a doler la cabeza.»

 

Chitose se frotó la cabeza con la mano derecha y cerró los ojos con expresión genuinamente enferma.

 

«Te prestaré el hombro. Vamos hasta la cama.»

«Tu hermana mayor exige ser llevada como una princesa.»

«No quiero. Pareces pesada.»

«Qué grosero con una doncella. Mi peso equivale solamente a tres frutas rojas.»

«¿Qué clase de personaje de cuento infantil eres...?»

«No quiero, no quiero. Quiero que me lleves como princesaaa.»

 

Movió brazos y piernas como una niña haciendo una rabieta.

 

«¡Está bien, está bien! ¡Deja de hacer tanto ruido!»

 

La levanté en brazos y comencé a caminar lentamente hacia la cama.

 

«Ahh... Me siento fatal, pero esto es bastante agradable. Como no ocurre muy seguido, ya que estamos, Shin, llámame “princesa” como si fueras un príncipe sobre un caballo blanco.»

«Me alegra comprobar que está llena de energía, princesa del vómito.»

 

Al parecer todavía conservaba suficiente fuerza para decir tonterías.

La dejé caer casi de golpe sobre la cama.

Chitose empezó a sonreír.

 

«No empieces a sonreír de repente. Das miedo.»

«Es que al subirme a la cama recordé viejos tiempos.»

 

Incliné la cabeza.

 

«¿Viejos tiempos?»

«Cuando estábamos en primaria siempre escondías revistas eróticas debajo de la cama.»

«No escondía revistas eróticas. Eran mangas para chicos con algunas escenas subidas de tono.»

 

Chitose agarró una esquina de la cama, estiró el cuello y miró debajo.

 

«Qué raro. ¿Ya no usas el típico escondite bajo la cama?»

«Vivo solo. No tendría ninguna razón para esconderlas ahí.»

«Oh. Entonces significa que tienes las revistas eróticas exhibidas orgullosamente por la habitación.»

«Como puedes comprobar, no hay ninguna. Además, hoy en día todo puede comprarse en formato digital. Incluso suponiendo que tuviera algo así, estaría dentro del teléfono.»

 

Mientras le decía que no había nada en la habitación, miré rápidamente hacia Shizune.

Esa misma mañana, Hirofumi le había revelado dónde guardaba realmente mis doujinshi para adultos.

Por su contenido, no podía permitir bajo ninguna circunstancia que Chitose los encontrara.

Si los descubría, sin duda los utilizaría para burlarse de mí cada vez que compartiéramos turno.

 

«...¿Shizune?»

 

Al darse cuenta de que la observaba, Shizune apartó inmediatamente los ojos.

Después caminó tranquilamente hacia mi escritorio de dibujo.

Y puso la mano sobre el cajón donde guardaba mis materiales de ilustración...

Y también los doujinshi.

 

«¡¿Shizune?!»

«Oh, oh. ¿Será que ahora los escondes ahí?»

 

Chitose se levantó tambaleándose de la cama y comenzó a acercarse.

Prácticamente al mismo tiempo vi por el rabillo del ojo cómo Shizune sacaba un doujinshi del cajón.

Mi cuerpo se movió por puro reflejo.

Corrí hacia ella, le arrebaté el libro y, dejándome llevar por el impulso, levanté violentamente el brazo.

Apunté directamente hacia el rostro de Chitose.

Y lancé el libro con todas mis fuerzas.

 

«¡Au!»

 

La portada, donde aparecía una hermosa chica vestida con uniforme de tienda de conveniencia, salió volando por el aire.

El doujinshi golpeó directamente a Chitose en la cara.

Soltó un sonido ridículo y perdió el equilibrio.

Después de retroceder varios pasos tropezó con la mesa baja y terminó cayendo de cabeza sobre la cama.

 

«¿Murió?»

«No. Creo que sigue viva.»

 

Mientras recogía el doujinshi, comprobé rápidamente que Chitose seguía respirando.

 

«En serio... ¿Por qué demonios sacaste eso precisamente ahora?»

«Una pequeña travesura.»

«Eso ya supera bastante lo que normalmente llamamos “travesura”.»

«...Porque estaba enfadada.»

 

Shizune murmuró molesta y me dio la espalda.

Intenté pensar qué había hecho yo para enfadarla.

No se me ocurrió absolutamente nada.

Tampoco respondió cuando le pregunté.

Así que finalmente decidí dejarlo pasar.

Guardé otra vez el doujinshi, me senté frente al escritorio de trabajo y tomé uno de mis libros de referencia para ilustración.

 

«...Ya es bastante tarde. ¿Vas a practicar dibujo ahora?»

 

Shizune se giró hacia mí.

 

«Sí. Dibujar después de comer ya es prácticamente una rutina.»

«Eres admirable, Shinsuke. Aunque estés ocupado sigues esforzándote.»

«Lo hago porque me gusta. No siento que esté haciendo un esfuerzo.»

 

Encendí el ordenador, abrí el programa de ilustración y golpeé ligeramente la pantalla de la tableta gráfica con el lápiz.

En el centro apareció un lienzo completamente blanco.

A la izquierda estaban las diferentes herramientas: lápiz, pluma G, aerógrafo y otros pinceles.

A la derecha, las capas utilizadas para superponer elementos durante el dibujo.

 

«¿Qué vas a dibujar hoy?»

«Quiero practicar figuras con movimiento. ¿Recuerdas el personaje que dibujé ayer? Quiero intentar hacer una composición donde esté corriendo.»

«En ese caso, primero deberías decidir la composición pensando en el centro de gravedad. Fíjate especialmente en el pie que toca el suelo y el ángulo de las articulaciones. También haz que la parte superior del cuerpo acompañe el movimiento de las piernas con cierta torsión. Eso hará que parezca mucho más dinámico.»

 

Shizune me mostró rápidamente un procedimiento sencillo.

Utilizando su ejemplo como referencia, comencé a dibujar.

Durante todo el proceso iba dándome pequeños consejos en los momentos importantes y yo los incorporaba a mi práctica.

Últimamente, aquello se había convertido en una rutina.

Antes, cada vez que encontraba una parte que no me salía bien tenía que investigarla por mi cuenta.

Desde que practicaba junto a Shizune, sentía que mi eficiencia al dibujar había aumentado enormemente.

 

«De verdad se te da bien enseñar.»

«...¿Eso crees?»

«Desde mi perspectiva eres prácticamente una profesora. Profesora Shizune.»

«No digas eso. No me queda bien.»

 

Shizune me había contado anteriormente que había entrado en la universidad con la intención original de convertirse en maestra de primaria.

Sus notas aparentemente no eran malas y estaba consiguiendo todos los créditos necesarios.

Por eso me parecía una enorme lástima que hubiera renunciado tan rápido a su sueño.

 

«¿Puedo preguntarte por qué renunciaste a ser maestra?»

«No es una razón especialmente profunda. Como acabo de decir... simplemente no me queda bien.»

«¿Que no te queda bien...?»

«La persona que soy ahora ya no tiene el estado mental necesario para pensar seriamente en el futuro. Además, hay trabajos para los que uno sirve y otros para los que no.»

 

Shizune dejó de mover la mano.

Luego comenzó a hablar en voz baja, como si estuviera organizando cuidadosamente una serie de pensamientos dispersos.

 

«El trabajo de un maestro de primaria no consiste únicamente en enseñar materias. También tiene que enfrentarse a los problemas que arrastra cada niño. Si ni siquiera puedo resolver correctamente mis propios problemas... ¿cómo se supone que podría dedicarme a enfrentarme al corazón de los niños?»

 

Era cierto.

Un profesor no solo impartía clases delante de una pizarra.

También tenía un papel importante en el cuidado emocional de los alumnos.

Cada niño tenía sus propios problemas.

A veces podían aparecer situaciones profundas y complicadas: acoso escolar, absentismo, problemas familiares...

Además, se trataba de niños en una etapa emocional especialmente sensible.

No era algo sencillo.

Quizá ser bueno explicando o simplemente querer a los niños no fuera suficiente para poder ejercer aquel trabajo.

Y si Shizune creía sinceramente que no era adecuada para él, quizá tuviera sus razones.

 

«Pero tú querías ser maestra, ¿verdad?»

 

Aun así, había conseguido entrar a la universidad y llegar hasta el lugar donde tenía una oportunidad real de cumplir su sueño.

Me parecía una pena renunciar únicamente porque pensaba que no tenía aptitudes.

 

«No sé por qué querías ser maestra y tampoco puedo saber si realmente tienes o no la personalidad adecuada. Pero creo que eso no debería importar demasiado. Si realmente quieres hacerlo, deberías intentarlo primero.»

 

Alejé ligeramente la silla y observé el dibujo de Shizune que estaba en la pantalla.

 

«Yo también dibujo simplemente porque me gusta. Quizá en realidad no tenga ninguna aptitud para convertirme en ilustrador. Pero quiero intentarlo, así que practico. ...He perdido la cuenta de cuántas veces las cosas me salieron tan mal que pensé seriamente en abandonar.»

«¿Incluso tú piensas así algunas veces?»

«Me tienes demasiado idealizado. Si miras a todo el mundo, hay miles y miles de personas que dibujan mejor que yo. Tú eres una de ellas.»

«Eso no... Shinsuke tiene mucho más talento. Muchísimo más que yo...»

 

Parecía decirlo completamente en serio, sin intentar halagarme.

 

«Pues igual que tú piensas eso de mí, yo creo que tú serías una buena maestra.»

«Eso sí que es tenerme demasiado idealizada.»

«Explicas muy bien. Y, sobre todo, eres una persona capaz de esforzarse para sentirse necesaria para los demás, ¿verdad? Entonces ser maestra parece una profesión perfecta para ti.»

 

Shizune actuaba constantemente por propia iniciativa para conseguir que yo la necesitara.

Si pudiera dirigir esa misma disposición hacia sus alumnos...

Seguramente sería una buena maestra.

 

«Dices que tú misma tienes problemas, pero eso también puede convertirse en una experiencia importante. Precisamente porque has pasado por esas cosas, quizá puedas ponerte en el lugar de un niño que está sufriendo y acompañarlo mejor que otra persona.»

«Shinsuke... ¿de verdad crees que podría ser una buena maestra?»

«Llevo diciéndolo desde hace rato.»

«...Ya veo.»

 

Shizune absorbió mis palabras y bajó la cabeza.

 

«Entonces quizá... piense un poco más en ello.»

 

Cuando levantó nuevamente el rostro, sus ojos ya no parecían tan vacíos como apenas unos segundos antes.

Me pareció ver en ellos una pequeña cantidad de confianza.

 

«Uuuuugh...»

 

Inmediatamente después escuchamos una voz grave arrastrándose desde detrás de nosotros.

 

«Qué raro... Recuerdo haber visto de repente a una misteriosa empleada de tienda de conveniencia y después todo se vuelve negro...»

«Habrás estado soñando. Más importante: Chitose, ¿cómo te encuentras?»

«Ummm... No estoy completamente bien, pero me siento bastante mejor... creo.»

 

Chitose se incorporó en la cama mientras se rascaba la cabeza.

Su memoria también parecía bastante confusa.

Sentí cierto alivio.

 

«Oye, Shin. ¿Qué hora es? Ya debe ser bastante tarde, ¿no?»

 

Miré el reloj.

Faltaban apenas unos minutos para la medianoche.

 

«...Ya casi cambia el día.»

 

Desde que habíamos terminado el trabajo todo había sido mucho más caótico de lo normal.

El tiempo había pasado volando.

Además, había comenzado a practicar dibujo, por lo que todavía había perdido más la noción de las horas.

Me levanté de la silla y abrí las cortinas.

 

«La lluvia... parece que ya paró.»

 

Todavía quedaban nubes cubriendo el cielo nocturno, pero la luz de la luna se filtraba entre ellas.

 

«Entonces, ¿qué harán ahora? Se acerca la hora del último tren. Si van a volver a casa, deberían empezar a preparar sus cosas.»

«¡¿Eh?! ¿Eso significa que podemos quedarnos a dormir?»

«Me incomodaría pasar toda la noche a solas con una chica con la que ni siquiera estoy saliendo, pero si están las dos juntas, no me importa demasiado.»

«Entonces yo quiero quedarme. La cama de Shin tiene su sudor impregnado y resulta relajante.»

«Bájate de ahí inmediatamente. Aunque te quedes, tú dormirás en el baño.»

«Qué cruel con tu amiga de la infancia. Además, ahora mismo estoy enferma.»

«Ponerte mal por beber no cuenta como enfermedad.»

«Qué desalmado. Tu hermana mayor no recuerda haberte criado para convertirte en alguien así.»

 

Chitose infló los labios, quejándose.

 

«Chitose dice que quiere quedarse, pero ¿qué quieres hacer tú, Shizune? Puedes usar la cama. Y si no quieres, tengo un saco de dormir para invitados.»

 

Shizune sacó el teléfono del bolsillo y observó la pantalla con expresión tensa.

 

«...Yo mejor no.»

«Eeeeh, ¿por qué?»

«Si no vuelvo con el último tren, después será demasiado molesto.»

 

Lo dijo con un tono profundamente cansado.

 

«¿Te contactaron tus padres?»

 

Me acerqué mientras preguntaba.

Shizune volvió a guardar el teléfono.

 

«Sí. Tengo llamadas y mensajes.»

«Hmm... Entonces no queda otra. Supongo que hoy podría quedarme yo sola.»

«Claro que no. Vete.»

«Sigues siendo muy cruel conmigo... ¿Por qué tratas tan mal a tu hermana mayor? Podríamos beber juntos hasta el amanecer.»

«¡Te he dicho que tengo diecinueve! Y, además, ¡aprende de una vez después de lo que pasó!»

 

Si dejaba que siguiera bebiendo, terminaría cubriendo todo el apartamento de vómito.

 

«Las acompañaré hasta la estación. Empiecen a prepararse.»

«Hmmmm.»

 

Chitose se sentó con las piernas cruzadas sobre la cama, cruzó también los brazos y gruñó pensativa.

 

«No hace falta que nos acompañes, Shin.»

«¿Estarán bien?»

«Hasta la estación iré con Shizu.»

 

Chitose miró a Shizune.

 

«¿Verdad?»

 

Shizune lo pensó con evidente desgana y finalmente asintió.

 

«Está bien.»

 

Parecía no tener precisamente una buena impresión de Chitose, así que dejarlas solas me preocupaba un poco.

Pero si ambas estaban de acuerdo, supuse que no ocurriría nada.

 

«Entonces no las acompañaré. Las dos tengan cuidado.»

«Lo sabemos. Shin se preocupa demasiado.»

 

Después, Chitose y Shizune metieron la ropa mojada en bolsas de plástico.

Chitose salió llevando una camiseta arriba y pantalones deportivos abajo.

Shizune, todavía con mi conjunto deportivo completo.

Cuando ambas abandonaron el apartamento, me senté en la cama y observé vagamente toda la habitación.

La distribución de la sala y la posición de los muebles no habían cambiado absolutamente nada.

Y, sin embargo...

El lugar parecía ahora ligeramente más grande.

Más silencioso.

Más aburrido.

El yo de antes jamás habría considerado siquiera la posibilidad de permitir que una chica menhera como Shizune pasara la noche en mi apartamento.

Se suponía que ese tipo de chicas me producían un trauma.

Al principio había trazado claramente una línea y pensado que Shizune era precisamente el tipo de persona con la que no debía involucrarme.

Y, aun así...

Por alguna razón, ahora estaba intentando aceptarla.

Todavía no sabía exactamente por qué.

Solo sabía una cosa.

El tiempo que pasaba con Shizune era mucho más...

agradable de lo que había imaginado.

 

 

 

☆

 

 

 

Cuando salieron del edificio, aquella lluvia torrencial de unas horas antes había desaparecido como si nunca hubiera existido.

Solo el asfalto húmedo y los charcos repartidos por las calles recordaban que había ocurrido.

Desde el apartamento de Shinsuke hasta la estación más cercana apenas había unos minutos caminando.

No quedaba demasiado tiempo para el último tren, pero tampoco estaban especialmente lejos.

Shizune y Chitose avanzaron sin demasiada prisa y cruzaron los torniquetes con margen suficiente.

 

«Quién iba a decir que íbamos en la misma dirección.»

«...Sí.»

 

Chitose hablaba con su habitual tono alegre.

Pero Shizune respondía de una manera completamente seca, como si su conciencia estuviera en cualquier lugar menos allí.

La casa de Shizune se encontraba a cuatro estaciones de la parada más cercana a la universidad.

El apartamento de Chitose, a dos.

En Tokio, a diferencia del campo, las estaciones estaban relativamente cerca unas de otras.

Los trayectos eran cortos.

Tampoco tuvieron que esperar mucho en el andén.

Hasta la llegada del tren apenas intercambiaron palabras.

Al subir, terminaron sentándose una al lado de la otra casi por inercia.

Incluso tratándose de Tokio, a aquella hora y fuera de los veintitrés distritos centrales, los vagones estaban prácticamente vacíos.

 

«Shizu... ¿por qué quieres tanto que Shin te necesite?»

 

Después de varios minutos viajando en silencio, Chitose lanzó aquella pregunta como si cortara el aire con una cuchilla.

Shizune se sobresaltó ligeramente al escuchar una pregunta tan repentina relacionada con Shinsuke.

 

«¿Tengo que responder a eso?»

«Es que yo también quiero conocerte mejor, Shizu. Como amiga de la infancia de Shin... o mejor dicho, como su hermana mayor.»

 

Chitose se inclinó ligeramente para mirar su rostro y sonrió con amabilidad.

 

«...Desde esta primavera he estado ganando dinero mediante citas compensadas. Cuando Shinsuke se enteró, se preocupó por mí y me dijo que podía ir de vez en cuando a su apartamento.»

«Eso ya lo sé. También sé que tú le propusiste el “contrato de esposa que viene de visita”. Pero Shin te dijo que te dejaría entrar incluso si no lo ayudabas con las tareas, ¿verdad? Entonces ¿por qué sigues preparando comida todos los días y visitándolo constantemente?»

«Porque... fue amable conmigo... Quería serle útil a Shinsuke, porque me aceptó incluso siendo alguien como yo...»

«Quieres ser todavía más necesaria para la persona que te aceptó. ...En otras palabras, Shizu, estás dependiendo de Shin.»

 

Las palabras que Shinsuke había pronunciado anteriormente seguían claramente grabadas en la mente de Chitose.

 

«Probablemente solo está buscando a alguien de quien depender.»

 

Shizune quería devolverle el favor a Shinsuke.

Quería ser necesaria para él.

Aquello, por sí mismo, no tenía por qué ser algo malo.

Pero solamente mientras las cosas permanecieran como estaban en aquel momento.

 

«Shin es amable con todo el mundo, ¿verdad?»

«Eso se nota con solo verlo.»

«¿Ya sabes que tuvo novias antes?»

«Una vez me dijo... que había tenido.»

«Shin ha tenido tres novias. ¿Sabes qué tenían las tres en común?»

 

Shizune intentó pensar.

Pero era imposible responder sin ninguna pista.

Al mismo tiempo se preguntó por qué aquella mujer insistía en hacerle preguntas como esa.

El rostro de Chitose se reflejaba en la ventana situada frente a ellas.

Parecía sonreír.

Pero al mismo tiempo...

No sonreía.

Con cada palabra intercambiada, la atmósfera dentro del vagón parecía volverse más pesada.

 

«Claro. No podrías saberlo.»

 

Después de esperar varios segundos sin recibir respuesta, Chitose acercó lentamente los labios al oído de Shizune.

 

«Lo que tenían en común, Shizu... eras tú.»

 

Los ojos de Shizune se abrieron por completo.

Chitose volvió a separarse y comenzó a hablar lentamente mientras estudiaba su reacción.

 

«Shin siempre ha sido un chico amable. Cuando alguien tiene problemas, aunque sepa que está metiéndose donde no lo llaman, escucha lo que le ocurre e intenta ayudarlo a solucionarlo.»

 

Cada una de las palabras de Chitose cayó pesadamente dentro de la mente de Shizune.

 

«Pero ¿sabes qué? Después de salir con chicas así, Shin terminó volviéndose muy pasivo con respecto al amor. Desde primero de bachillerato hasta ahora.»

 

Shizune comprendía perfectamente que aquella vez Chitose no estaba bromeando.

 

«Sus tres exnovias tenían una característica en común. Y, desgraciadamente, tú encajas perfectamente con esa característica.»

 

Chitose había pasado muchos años junto a Shinsuke.

En cierto sentido, sus palabras resultaban incluso más creíbles que las palabras amables que él mismo pronunciaba.

Parecían tocar directamente los sentimientos que Shinsuke realmente guardaba dentro.

 

«Shin ha pasado todos estos años evitando a las chicas que tienen esa característica. Por eso a mí me resulta tan extraño que ahora esté relacionándose contigo de esta manera.»

«Esa... característica... ¿cuál es?»

 

Shizune preguntó con miedo.

Aunque la persona sentada a su lado era Chitose...

En el reflejo de la ventana, por alguna razón, su silueta pareció superponerse con la de Shinsuke.

 

«Tú usas ropa jirai-kei porque te gusta, ¿verdad? A mí me parece que te queda genial. Es bonita y te hace ver muy adorable. Pero... ¿qué crees que piensa Shin cuando la ve?»

 

Chitose se lo transmitió de una manera indirecta.

Si el problema era simplemente la moda jirai-kei, podía dejar de usarla.

Shizune sintió un ligero alivio.

Y volvió a preguntar.

 

«¿H-hay algo más...? ¿Hay alguna otra característica que tengamos en común...?»

 

Justo entonces, el anuncio del tren resonó dentro del vagón.

 

«Solo una más.»

 

Chitose se levantó del asiento.

 

«...!»

 

Tomó suavemente una mano de Shizune.

Subió la manga del chándal.

Y dejó su muñeca completamente expuesta.

 

«Esto.»

 

Shizune bajó la mirada.

Sus ojos se abrieron.

Por un instante parecieron secarse por completo.

Y después volvieron a humedecerse.

 

«¿Ahora comprendes por qué Shin ha evitado hasta ahora a las personas que tienen esa característica?»

 

Chitose miró directamente a los ojos de Shizune.

Y le mostró la realidad sin adornos.

 

«Porque no quiere volver a relacionarse con chicas menhera.»

 

En el mismo instante en que pronunció esas palabras, las puertas del tren se abrieron.

Las chicas con las que Shinsuke había salido siempre habían cargado con algún tipo de problema.

Moda jirai-kei.

Cicatrices producidas por autolesiones.

Un rechazo nacido de los prejuicios hacia determinadas características visibles.






En el fondo de todo aquello seguía adherido, como una cicatriz imposible de borrar, el trauma que Shinsuke sentía hacia las chicas emocionalmente inestables.

Chitose dejó unas últimas palabras antes de bajar del tren, pero Shizune ya no fue capaz de escucharlas.

Dentro del vagón, ahora completamente vacío, Shizune comenzó a derramar lágrimas mientras arañaba una y otra vez las cicatrices que ella misma se había hecho tiempo atrás en la muñeca, utilizando las puntas de unos dedos cubiertos de curitas.

 

 

 

☆

 

 

 

«Qué mala persona soy... de verdad.»

 

Después de bajar en mi estación, observé cómo el tren en el que seguía Shizu volvía a ponerse en movimiento y empecé a caminar hacia los torniquetes.

De verdad odiaba esta parte mezquina de mi personalidad.

Shin era como un hermano menor para mí.

Había pasado años queriéndolo y cuidándolo de esa forma.

Así que, como amiga de la infancia... como su «hermana mayor»... debería haberme alegrado sinceramente de que hubiera conseguido una amiga.

Y más aún tratándose de una chica.

Lo que acababa de contarle a Shizu podía terminar destruyendo una de las pocas relaciones sociales importantes que había conseguido formar Shin, alguien que desde siempre había tenido dificultades para relacionarse con los demás.

Todavía me resultaba increíble que hubiera construido una relación con una chica menhera como ella.

Pero si ese era el camino que Shin había decidido seguir, yo no tenía derecho a meterme.

Ni siquiera debería intentarlo.

Mi papel debería limitarse a ser esa amiga de la infancia, casi hermana mayor, que escucha sus preocupaciones con sinceridad y le ofrece todos los consejos que puede.

Pero esta vez...

Esta vez no podía dejar las cosas como estaban.

En cuanto aquella chica apareció frente a mí, lo sentí de inmediato.

No debía permitir que se acercara demasiado a Shin.

Y, si iba a acercarse, al menos tenía que hacerlo dentro de un lugar donde yo pudiera vigilar lo que ocurría.

Lo comprendía precisamente porque había estado observando a Shin desde muy cerca durante tantos años.

Porque había escuchado una y otra vez sus problemas.

Shizu arrastraba en aquellos momentos un problema enorme que todavía ni siquiera le había contado a Shin.

Si la relación entre los dos llegaba a estrecharse mucho más, Shin jamás sería capaz de considerar ese problema como algo ajeno.

Intentaría cargar con él junto a ella.

Porque Shin era así.

Demasiado amable.

 

«Lo siento... a los dos.»

 

No quería que Shin tuviera que sufrir más.

No quería volver a verlo atormentado por problemas relacionados con una mujer.

Si la dependencia de Shizu continuaba aumentando, Shin volvería a preocuparse y sufrir como lo había hecho en el pasado.

Si eso ocurría...

Entonces tendría que ser yo quien protegiera a Shin.

Pero aun así...

Si, aunque fuera contra todas las probabilidades, los dos decidían mantener aquella relación...

Si intentaban superar juntos los problemas que cada uno arrastraba...

Si incluso después de escuchar mis palabras decidían rechazarlas y continuar aferrándose el uno al otro...

Entonces...




[1] Es un término japonés que significa "niño podrido" y se refiere a un fan masculino de los medios Boys' Love (BL) o yaoi



[1] Aproximadamente 300 dólares

[2] Es un estofado tradicional de la cocina japonesa cuyos principales ingredientes son carne, patatas​ y cebolla todas ellas estofadas con soja endulzada

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