Capítulo
2
Re=L,
la maga de la corte imperial que trabaja a tiempo parcial
Cierto día, en el patio
trasero de la Academia Imperial de Magia Alzano.
«¡He estado observándote todo
este tiempo! ¡Por favor, sal conmigo!»
«Eh...»
Frente a Rumia, que no sabía
cómo reaccionar, un estudiante de la academia inclinaba la cabeza.
Rumia había sido llamada por
medio de una carta, y allí se encontraba recibiendo una confesión de amor por
parte de aquel estudiante. Era una escena en plena juventud.
«Lo siento, Eike. Yo...»
Rumia bajó la cabeza con
expresión de disculpa.
Para aquel estudiante, habría
sido una experiencia agridulce, pero que con el tiempo podría recordar como una
buena memoria... una página más de su juventud. O eso parecía, hasta ese
momento.
«¡Rumiaaaaa!»
Se oyó un grito totalmente
inoportuno.
¡Doddoddoddoddo! Una muchacha
apareció corriendo hacia aquel lugar, con el rostro inexpresivo, pero
irradiando una presión aterradora por todo el cuerpo.
Era una chica pequeña, con el
cabello azul, largo y despeinado, atado de cualquier manera con una cuerda. En
sus delgados brazos llevaba una gran espada: enorme, tosca y demasiado
desproporcionada para el cuerpo menudo de aquella muchacha.
«¿¡Re=L!?»
«¿¡Hiiii!?»
Ante la repentina irrupción de
aquella figura extraña, el estudiante se asustó y retrocedió.
«¡Aléjate de Rumia!»
Con una velocidad semejante a
la de un vendaval, la muchacha —Re=L— redujo en un instante la distancia que la
separaba del estudiante. Luego levantó la gran espada y la descargó como un
rayo.
¡Dogaaan!
Un estruendo de destrucción
resonó por toda la academia.
El estudiante, aterrorizado,
se agachó cubriéndose la cabeza. Detrás de él, la gran espada de la muchacha
había golpeado la pared del edificio que daba al patio trasero, destrozándola y
abriendo un enorme agujero.
«¿¡Q-q-q-quééééééééééé!?»
La página de juventud que iba
a ser solo un recuerdo agridulce se transformó, en un instante, en la peor
página que aquel estudiante jamás querría recordar. Con los ojos llenos de
lágrimas, vio cómo Re=L le apuntaba con la punta de su gran espada.
«Si intentas ponerle una mano
encima a Rumia, no te lo perdonaré. Te cortaré.»
Su tono no dejaba percibir
emoción alguna; era completamente calmado. Y, en este caso, eso la hacía
todavía más aterradora.
«¿¡P-pero qué haces!? ¡Re=L,
no puedes hacer algo tan violento!»
Rumia estaba atónita. El
estudiante, sentado en el suelo, temblaba de miedo. Re=L sostenía su gran
espada. Y frente a ellas llegó corriendo, algo tarde, una muchacha de cabello
plateado.
«¿¡Sistine!? ¿Por qué estás
aquí?»
«¡Perdón! Como escuché que Rumia
había sido llamada para una confesión, no pude evitar preocuparme... Estaba
escondida detrás del edificio, mirando en secreto... bueno, vigilando. Entonces
Re=L, de repente, se descontroló...»
Sistine, que había llegado sin
aliento, se disculpó y luego se volvió hacia Re=L con expresión molesta.
«Pero, Re=L, ¿qué demonios
estás haciendo?»
«Es que...»
Ante el tono de regaño de Sistine,
Re=L se encogió un poco.
«Él... le dijo a Rumia:
“quiero atravesarme contigo”.»
«¿...? ¿Y eso qué tiene de
malo?»
«Si yo no hubiera llegado... Rumia
habría tenido que “atravesarse” con él usando una cuchilla o algo así. Creo que
llegué a tiempo...»
«¡No significa eso! “Por
favor, sal conmigo” solo significa que le estaba pidiendo iniciar una relación
de pareja.»
«¿...Relación de pareja?»[1]
Re=L abrió ligeramente los
ojos y se giró hacia Rumia.
«Rumia. ¿Qué es una relación
de pareja?»
«A-ahaha... Pues eso es...»
Rumia se acercó al oído de Re=L
y le explicó en voz baja los conocimientos básicos sobre las relaciones entre
hombres y mujeres.
«...No lo entiendo muy bien,
pero... ¿un hombre y una mujer que se gustan se “atraviesan”?»
«Bueno, sí... supongo que se
podría decir así...»
Entonces Re=L se giró hacia el
estudiante, que seguía temblando a sus pies, y lo miró desde arriba con ojos
somnolientos.
«En ese caso, es imposible.
Porque probablemente a quien Rumia quiere es a Glenn. Así que Rumia debería
querer “atravesarse” con Glenn. Ríndete.»
Después de haber convertido
aquella página de juventud, que solo debía ser agridulce, en la peor de todas,
el demonio azul le dio ahora el golpe final sin piedad.
«¡Uwaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!»
El estudiante salió corriendo
mientras lloraba a gritos.
«¡P-pero Re=L! ¿Qué estás
diciendo? Yo no...»
Rumia, con las mejillas
ligeramente sonrojadas, intentó protestar nerviosa.
«No te preocupes. Cuando Rumia
y Glenn se atraviesen, yo también ayudaré. Porque a mí también me gusta Glenn.»
*Clang*. Re=L, inexpresiva
como siempre, sostuvo su gran espada con un aire vagamente orgulloso.
«A-ahaha... Creo que todavía
hay algún malentendido...»
«Ese no es el mayor problema, Rumia...
La gente escuchó el ruido y está empezando a reunirse... ¿Qué hacemos...?»
Sistine suspiró mientras
miraba alrededor.
La gente comenzaba a llegar
una tras otra al patio trasero, preguntándose qué había sido aquel estruendo.
Y en la dirección hacia la que
Sistine miró de reojo... estaba la pared del edificio de la academia, ahora con
un enorme agujero abierto.
«¡Riiiieeeeeel!»
En la sala de profesores de la
academia.
Glenn, con las venas de la
sien palpitando de furia, miraba fijamente a Re=L, que estaba de pie frente a
él con expresión ausente.
«¿Qué pasa, Glenn? Tienes una
cara rara.»
Sin embargo, ante la expresión
demoníaca de Glenn, Re=L respondió con indiferencia, sin alterar ni un ápice su
rostro somnoliento e inexpresivo.
«Oye... ¿cuántas veces tienes
que causar problemas para quedarte satisfecha...?»
«...¿Problemas? Eso es
injusto. Que yo haya causado algún problema... seguro que es una equivocación
de Glenn.»
«¡De ninguna
maneraaaaaaaaaaaaa!»
¡Zuash! Glenn lanzó al aire el
montón de informes disciplinarios que estaba escribiendo, tomó la cabeza de Re=L
entre ambos puños y empezó a frotarle las sienes con una fuerza tremenda.
«Duele.»
«¡¿Cuántas veces va esta
semana que destruyes propiedad ajena de este tipo?! ¡Gracias a ti, mis informes
por falta de supervisión se han convertido en un bucle infinito digno de un
escritor superventas! ¡Págame regalías, maldita sea!»
«¡Profesor, por favor,
cálmese!»
Rumia intentó tranquilizarlo.
«¡No me detengas! ¿¡Sabes
cuántas veces me han recortado el sueldo por culpa de esta idiota!? ¡Esto no es
ganar dinero con regalías, es una versión explotadora en la que cuanto más
escribo, más difícil se vuelve mi vida!»
«Glenn también lo tiene
difícil.»
«¡Tú no tienes derecho a decir
eso! ¡Tú eres la raíz de todos los males!»
Glenn agarró la cabeza de Re=L
como si fuera una prensa y la apretó con fuerza.
«Duele.»
«Maldita sea... Ya sabía que
originalmente eras una inadaptada social, pero... si seguimos así, esto sí que
va a ser un problema...»
«La verdad, sí... Re=L
necesita aprender un poco más de sentido común...»
Ante el murmullo de Glenn,
mezclado con un suspiro, incluso Sistine estuvo de acuerdo con total
honestidad.
Re=L Rayford.
Ella no era originalmente
estudiante de esta academia. Era una antigua compañera de Glenn de la época del
ejército imperial: una maga activa perteneciente a la división especial del
Cuerpo de Magos de la Corte Imperial.
El mes anterior había sido
enviada desde el ejército imperial como estudiante transferida, con el objetivo
de servir secretamente como guardia de Rumia, una estudiante con circunstancias
complicadas.
Además, tras diversas cosas
ocurridas durante una expedición académica también el mes anterior, Re=L había
logrado convertirse, en el verdadero sentido de la palabra, en una compañera de
la clase de Glenn... aunque eso no cambiaba ciertos problemas.
Debido a su crianza especial,
su falta de sentido común provocaba conductas completamente absurdas, y su
nivel de inadaptación social seguía siendo el mismo. Incluso ahora continuaba
siendo una fuente de dolores de cabeza para Glenn.
«Bueno... ¿no habrá alguna
buena solución...? Si esto sigue así, mi bolsillo sí que va a estar en serio
peligro...»
Los problemas que Re=L
causaba, en especial los daños materiales, se le atribuían a la falta de
supervisión de Glenn. Por eso, el monto de los daños se descontaba del ya de
por sí reducido salario de Glenn. El mundo era verdaderamente injusto.
«Algo que le permita a Re=L
estudiar sentido común... y que al mismo tiempo haga que mi bolsillo se
caliente un poco... Mmm... ¡eso es!»
De pronto, Glenn tuvo una
buena idea y señaló firmemente a Re=L.
«Muy bien, Re=L. ¡Vas a
conseguir un trabajo de medio tiempo!»
«¿Trabajo de medio tiempo?
¿Trabajar?»
Re=L inclinó ligeramente la
cabeza, con la misma expresión somnolienta de siempre.
«Exacto. Veo que lo sabes, muy
bien. He estado pensándolo con calma, y tu mundo todavía es muy limitado. Así
que deberías trabajar cooperando con personas distintas a las de siempre y
aprender lo que es la sociedad.»
«Ah, eso podría ser bueno.»
Rumia asintió con una sonrisa.
«Yo también hice antes un
trabajo de medio tiempo como tutora de niños del vecindario. Aprendí muchas
cosas diferentes a las que se aprenden simplemente estudiando. Fue una gran
experiencia.»
«¿Verdad? ¡Salir a la sociedad
y trabajar es algo maravilloso!»
«...Cuando usted dice eso,
profesor, se siente una incoherencia enorme...»
Sistine lo miró con ojos
entrecerrados y, por costumbre, hizo el comentario.
Aun así, la propuesta de Glenn
en sí no parecía mala.
«Bueno, para venir de usted,
profesor, creo que es una idea bastante decente. Sí, en ese caso nosotras
también podemos ayudar...»
Por eso Sistine intentó
elogiarlo sinceramente y ofrecer su cooperación, pero...
«Je, je, je... Muy bien. Así
yo seré el intermediario entre Re=L y sus empleadores, y si me quedo con una
parte de su salario de medio tiempo... mi bolsillo, que ha quedado tan triste
por todos los descuentos causados por esta idiota, se recuperará un poco... Je.
Es un plan demasiado perfecto...»
Glenn murmuraba algo en voz
baja mientras mostraba una sonrisa malvada.
«...Esa es definitivamente la
cara de alguien que está pensando en algo nada bueno.»
«B-bueno... en cuanto al
aprendizaje de Re=L, no es una mala idea...»
Rumia, como siempre, intentó
calmar a una Sistine que lo miraba con fastidio.
«No lo entiendo muy bien,
pero... de acuerdo, trabajaré. Si Glenn lo dice.»
«¡Oh, así se habla! ¿Lo harás
entonces? En ese caso, trabaja con todas tus fuerzas para ganar montones de...
digo, para aprender mucho. ¡Tengo grandes expectativas en ti!»
«...Sí. Me esforzaré. Cumpliré
las expectativas de Glenn.»
«Qué niña tan buena y
obediente... Debemos cuidar que en el futuro ningún hombre raro la engañe...»
«Ahaha...»
Incluso Rumia no pudo evitar
sonreír con amargura.
«Pero, profesor, ¿qué tipo de
trabajo piensa hacer que Re=L realice?»
«Veamos... Bueno, cada persona
tiene cosas para las que sirve y cosas para las que no...»
Glenn comenzó a pensar.
Entonces, justo en ese momento:
«Escuchamos que buscan
trabajo...»
«¡...y hemos venido!»
¡Baan! La puerta de la sala de
profesores se abrió de golpe con gran estrépito.
«¡Fuhahahahahaha! ¡El genio
profesor de ingeniería mágica del siglo! ¡Orwell Schuzer hace su aparición!»
«¡Autoridad mundial en magia
blanca! ¡El barón Tzest Le Noir se presenta ante vos!»
«Rechazados, idiotas.»
««¿¡Gyaaaaaaaaaaaaaah!?»»
En cuanto aparecieron los dos
profesores pervertidos de la academia, Orwell y Tzest, Glenn salió corriendo a
toda velocidad y los derribó con una patada voladora.
«¿P-por qué, profesor Glenn?
¿No estaban buscando trabajo? Entonces es perfecto. Necesito un sujeto de
pruebas para mi nuevo invento del siglo...»
«Yo también estoy reclutando a
una linda muchacha como sujeto para estudiar magia blanca de control mental.
¡No tengo ningún motivo indecente! ¡Todo es por el noble avance de la
magia...!»
«¡Por eso mismo quedan
rechazados! ¡Lárguense, maestros pervertidos!»
««¡Pagaremos generosamente!»»
Orwell y el barón Tzest
gritaron al unísono. Algo que suele olvidarse es que esos dos, inútilmente,
eran nobles y, también inútilmente, ricos.
«Pasemos entonces a las
negociaciones.»
Glenn cambió de actitud a
velocidad divina, puso las manos sobre los hombros de Orwell y del barón Tzest,
y comenzó a caminar como si los estuviera guiando.
«¡Los tres, hagan el favor de
comportarse de una vez!»
«««¿¡Gyaaaaaaaaaaaaaah!?»»»
La magia negra de Sistine,
Gale Blow, levantó una violenta ráfaga de viento que mandó volando a los tres
idiotas.
Bueno, dicho eso...
Glenn y los demás se
encontraban ahora en el jardín de hierbas medicinales de la academia, rodeados
por parcelas llenas de plantas.
«Hacer que Re=L trabaje de
medio tiempo fuera de la academia de golpe sería ponerle la vara demasiado
alta. Así que primero haremos que se acostumbre al trabajo realizando algún
empleo para estudiantes dentro de la academia.»
Al mirar alrededor, no solo
estaban Glenn y las chicas. También se habían reunido casi veinte estudiantes
más de la academia.
«Vaya, qué suerte que justo la
profesora Cecilia estuviera buscando trabajadores de medio tiempo.»
La persona a la que Glenn
dirigía la mirada era una maga de aspecto delicado. Tenía el cabello suave
trenzado de forma suelta, y daba la impresión de ser una joven amable y frágil.
Debía tener más o menos la misma edad que Glenn.
Su nombre era Cecilia Hestia.
Era una belleza de un tipo
distinto al de la llamativa y seductora Celica. Además, era experta en magia
blanca forense y en preparación de pociones mágicas. Su habilidad era
reconocida por todos dentro de la academia.
Cecilia no ejercía como tutora
de una clase, pero residía permanentemente en la enfermería de la academia como
médica forense mágica. Actualmente era una maga de cuarto rango, Quattuor.
Teniendo en cuenta que muchos
magos comunes llegan como máximo al cuarto rango tras dedicar toda su vida a la
magia, el hecho de que Cecilia hubiera alcanzado ese rango a tan temprana edad
la convertía en una mujer talentosa y prometedora. Sin embargo...
«Ehm... ¿profesora Cecilia?
¿Está bien? Tiene muy mala cara... y está sudando muchísimo...»
«Ahaha, estoy bien, Glenn...
Es que ayer me desvelé un poco... Solo dormí once horas, así que estoy algo
falta de sueño y tengo un poco de fiebre...»
«¿E-eh...?»
Mientras Glenn se quedaba
desconcertado, Cecilia sacó un frasco de su bolso, metió la mano dentro, tomó
un puñado enorme de píldoras mágicas caseras y se las llevó a la boca,
masticándolas con crujidos antes de tragárselas.
«Ugh, cof... mm... uf...
Lamento preocuparlos tanto... Si tomo mis medicinas, estaré bien... cof, cof...
Mmm, el resfriado de este año es complicado...»
Ante todos, que la miraban
horrorizados, Cecilia comenzó de pronto a vomitar sangre.
«¿R-resfriado...? ¡Espere,
espere, espere! ¿¡Eso definitivamente es una enfermedad grave, verdad!? ¿¡No
puede ser un simple resfriado!?»
«E-estoy bien... De verdad,
solo es un resfriado... Es que mis pulmones, mi estómago, mis intestinos, mi
hígado, mi páncreas, mi corazón, mis vasos sanguíneos y varios otros órganos
son débiles desde que nací. Cuando me resfrío, mi cuerpo tiende a hacerme
vomitar sangre...»
«¡Eso es prácticamente todos
sus órganos internos!»
Así era ella: de una
constitución extremadamente débil y enfermiza. Su talento era real, sin duda,
pero resultaba muy incierto si lograría vivir lo suficiente como para verlo
florecer.
«Haa... haa... Sí, el color de
la sangre de hoy es brillante... Todavía estoy bien... Mamá... todavía estoy
sana...»
Cecilia miró la sangre que le
manchaba las manos y sonrió con una expresión llena de una extraña sensación
trágica.
«Glenn. Esta persona parece
que va a morir.»
«Oye, eso no se dice.»
«Ahaha, no pasa nada. Es
verdad que soy enfermiza y que hago que todos se preocupen de más por mí. Pero
más importante que eso, cuento con todos ustedes para el trabajo de hoy.»
Era una sonrisa que provocaba
ganas de protegerla... aunque una línea de sangre le corría por la comisura de
los labios.
Entonces, tambaleándose,
Cecilia comenzó a explicar.
«El trabajo que quiero que
hagan hoy consiste, primero, en labrar aquella zona del campo para preparar la
tierra antes de plantar nuevas hierbas medicinales. Esa tarea la realizarán
principalmente los estudiantes varones.»
La parcela que Cecilia señaló
era un terreno algo descuidado tras un periodo de descanso.
«Y las estudiantes mujeres
deberán plantar las nuevas hierbas medicinales en las zonas que los chicos
hayan labrado, pero...»
Cecilia miró a los estudiantes
reunidos y se llevó una mano a la mejilla con expresión preocupada.
«Mmm... Esta vez hay más
chicas que chicos... Hacer que solo estos chicos labren una extensión tan
grande sería una carga demasiado pesada... Entiendo. No hay más remedio.»
Entonces Cecilia asintió con
decisión, se remangó, tomó una azada que estaba cerca y, tras mucho esfuerzo,
finalmente logró levantarla. Temblando de pies y manos como un cervatillo
recién nacido, sostuvo la herramienta.
«¡Yo también me uniré al grupo
de labranza!»
«Por favor, no lo haga.
¿Quiere morirse?»
Glenn, con la mejilla tensa,
le quitó la azada a Cecilia, que se había llenado de una determinación
imprudente.
«Pero... no puedo dejar que
solo los estudiantes carguen con todo... cof, cof...»
Mientras hablaba, Cecilia
comenzó otra vez a vomitar sangre. A simple vista parecía estar al borde de la
muerte.
«¡Está bien! ¡No tiene que
preocuparse por eso! Después de todo, tenemos a esta aquí.»
Glenn empujó a Re=L, que
estaba de pie mirando el campo con aire distraído y curioso, y la presentó
frente a Cecilia.
«Esta tiene una fuerza y una
resistencia absurdamente sobrantes... Además, tengo un mal presentimiento si le
damos un trabajo delicado como plantar hierbas medicinales. Así que no quiero
hacerla trabajar en eso. Si al grupo de labranza le falta gente, con mandarla a
ella sola todo queda resuelto.»
«¿...Eh? Pero... si es una
chica tan pequeña y delicada...»
Cecilia miró a Re=L como si no
pudiera creerlo.
«Ella es el ejemplo perfecto
de que las apariencias engañan. Bueno, será mejor que lo vea por sí misma.»
Glenn lanzó a Re=L la azada
que le había quitado a Cecilia.
«¿...?»
Re=L la atrapó y la observó
con curiosidad.
«¡Re=L, excava!»
«...Entendido.»
«¿¡Eh!? P-profesor, espere...»
La voz de Sistine intentando
detenerlo no llegó a tiempo. Re=L levantó lentamente la azada.
¡Dozaaaaaaaaa!
Con un solo golpe, un enorme
cráter se abrió en el suelo, y una gran cantidad de tierra salió disparada
hacia el cielo como una columna.
Excepto Sistine, que logró
recitar de inmediato el conjuro de magia negra Air Screen y levantar una
barrera de aire, y Rumia, que estaba dentro de su zona de efecto, todos los
demás quedaron cubiertos de tierra de pies a cabeza, aunque aún no habían
empezado a trabajar.
«...Hau.»
Cecilia, en particular, cayó
al suelo como si la hubieran aplastado los terrones que le cayeron encima.
«...¿No pudieron prever que
esto iba a pasar?»
«...Perdón. Bajé un poco la
guardia.»
Glenn solo pudo esquivar la
mirada acusadora de Sistine mientras sudaba frío.
«Pero... ciertamente, con
tanta fuerza, no habrá problema.»
Cecilia, ayudada a levantarse
por los estudiantes, murmuró como si hubiera quedado convencida.
«Ehm... ¿Re=L? Hoy te encargo
el trabajo de labrar el campo de hierbas medicinales. Por favor.»
«Sí. Déjamelo a mí. Lo haré
con todas mis fuerzas.»
«No uses todas tus fuerzas, no
todas... Contrólate, por favor... te lo suplico...»
«Por conveniencia, yo estaré a
cargo de supervisar el trabajo de hoy. Sin embargo, este es un encargo oficial
de la academia, así que, aunque sea poco, recibirán una paga. Todos,
esfuércense.»
«Sí. Me esforzaré.»
«...Con moderación.»
Glenn suspiró, sintiendo
cierta inquietud por cómo se desarrollarían las cosas.
Y entonces...
«Ooooh, esa chica es
increíble...»
«Es la primera vez que veo a
alguien usar dos azadas a la vez...»
Las miradas asombradas de los
estudiantes varones, que sostenían sus propias azadas, se concentraban en Re=L.
Re=L sostenía una azada en
cada mano y, sin tomarse siquiera un respiro, las descargaba alternadamente
contra el suelo en una técnica absurda.
¡Dokakakakakakakaka!
Aquellas azadas, que deberían
haber sido bastante pesadas, eran blandidas como si fueran ramitas. La tierra
endurecida tras el periodo de descanso era labrada sin parar, como si estuviera
siendo picada por dos cuchillos para hacer carne molida.
La expresión de Re=L seguía
siendo tan somnolienta como siempre, y parecía no sentir ninguna dificultad con
el trabajo.
«R-Re=L es increíble...»
Rumia, que iba plantando
cuidadosamente las nuevas hierbas medicinales en los surcos ya labrados, detuvo
sus manos y miró a Re=L con admiración.
«Cuando esa chica se pone
seria, eso no es nada. Después de todo, ahora mismo no está usando magia de
refuerzo físico...»
«¿E-en serio?»
Al escuchar a Sistine, que
trabajaba a su lado, Rumia levantó la voz sorprendida.
El estilo básico de combate de
Re=L como maga consistía en crear rápidamente una gran espada mediante alquimia
y blandirla usando magia de refuerzo físico. Precisamente por eso, resultaba
sorprendente que pudiera hacer un trabajo así incluso sin aplicar ese refuerzo.
«Ah, la magia de refuerzo
físico no es adecuada para trabajos prolongados.»
Entonces Glenn comenzó a
explicar.
«Mientras está activa, consume
magia constantemente. Por eso, en comparación con la cantidad de trabajo
logrado, el desgaste físico es muy alto, y muchas veces termina reduciendo la
eficiencia. Por eso, quienes usan magia de refuerzo físico siempre deben
controlar el ritmo de consumo de su poder mágico. Además, en combate real, en
muchos casos resulta más efectivo usar esa magia en conjuros ofensivos que
gastarla en refuerzo físico.»
«Por eso la mayoría de magos
no prefieren la magia de refuerzo físico...»
Sistine asintió, convencida.
«Exacto. Por eso, para alguien
como Re=L, cuya capacidad física natural ya es monstruosa, este tipo de trabajo
le viene perfecto.»
«Bueno, eso lo entiendo,
pero...»
Sistine miró a Glenn con ojos
entrecerrados.
«...Profesor, ¿qué está
haciendo usted exactamente?»
«Ah, ¿no se nota? Estoy
durmiendo la siesta.»
Tal como lo decía.
Mientras todos los estudiantes
unían fuerzas y trabajaban diligentemente, solo Glenn estaba acostado en el
borde del campo, holgazaneando.
«Todos están esforzándose. ¿No
siente al menos un poco de ganas de ayudar...?»
«Ni de broma. No quiero
trabajar y, sobre todo, me da una pereza tremenda.»
Glenn lo dijo con una
franqueza tan limpia que hasta resultaba refrescante.
«Además, yo tengo una
importantísima misión superocupada: vigilar a Re=L. Así que, aunque quisiera
hacer trabajo agrícola, no puedo. Qué lástima, qué lástima. Y eso que pensaba
que de vez en cuando tocar la tierra no estaría tan mal.»
«Este hombre...»
«B-bueno, bueno, Sisti.
Originalmente este trabajo es para Re=L, y nosotras estamos ayudando por
voluntad propia.»
«¡Rumia tiene razón, pero
igual me irrita!»
Mientras Glenn y las demás
intercambiaban aquella conversación sin importancia, el trabajo de labrar la
tierra avanzaba cada vez más.
«Oye, oye, Re=L. ¿Podrías
contenerte un poco más? La tierra está volando hasta aquí.»
«...Ah. Perdón.»
«Jajaja... Sé que estás
esforzándote, pero intenta tener un poco más en cuenta a los que están
alrededor y tómatelo con calma, ¿sí?»
«Sí. Tendré cuidado.»
Re=L no decía ni una palabra
innecesaria y continuaba trabajando en silencio, completamente concentrada. Al
parecer, la impresión que daba a quienes la rodeaban era bastante buena. Los
estudiantes varones que trabajaban junto a ella empezaron a conversar con
naturalidad.
«¡Re=L, ven un momento por
aquí, por favor! Esta parte todavía está muy dura...»
«Entendido. Ya voy.»
Aunque al principio había
metido la pata, Re=L era básicamente seria y obediente, así que también era
bien recibida por las estudiantes.
«Re=L, perdona. Encontramos
una piedra bastante grande enterrada en la tierra. ¿Nos ayudas a sacarla?»
«...Sí. Déjamelo a mí.»
Más de lo esperado, Re=L
cooperaba con quienes la rodeaban y cumplía su trabajo con diligencia.
«Oh, esto va bastante bien,
¿no? Re=L está aprendiendo muchísimo sobre la sociedad, ¿no? Je... Como era de
esperarse, el gran profesor Glenn Radars no se equivocó con su ojo experto...
¡Sigan cuidando de nuestra Re=L, jóvenes! Los apoyo de todo corazón, ¡jajaja!»
«««Qué fastidioso...»»»
En ese instante, el
pensamiento de todos los estudiantes reunidos allí coincidió perfectamente.
Y entonces...
«¡Cof, cof! B-bueno, todos...
¿qué les parece si hacemos una pausa?»
Cecilia declaró aquello
mientras vomitaba sangre, y los estudiantes detuvieron sus labores.
«¡Todos son increíbles! No
puedo creer que ya hayan terminado más de la mitad del terreno que teníamos
previsto labrar...»
«¡Bueno, Re=L ha hecho un
trabajo impresionante!»
«Sí, de verdad fue una suerte
que Re=L estuviera aquí.»
Todos empezaron a elogiar a Re=L.
«...Sí.»
Re=L respondió de forma seca.
Su expresión seguía siendo tan
inexpresiva y poco amigable como siempre, pero de alguna manera parecía estar
algo avergonzada.
«Sí, de verdad nos ha ayudado
mucho que Re=L viniera a colaborar. Gracias a eso estoy tan feliz que creo que
voy a desmayarme por anemia... Ah... Ah... Que alguien saque mis medicinas de
mi bolso... El mundo se está oscureciendo...»
«¡Uwaaaaa, profesoraaa!»
«¡Manténgase firmeee!»
Cecilia perdió la fuerza y
estuvo a punto de caer, pero los estudiantes a su alrededor se apresuraron a
sostenerla por ambos lados.
«En fin, todos deben estar
cansados. ¿Por qué no descansamos un poco?»
«Más que nosotras, creo que
quien necesita descansar es la profesora Cecilia... aunque en otro sentido.»
Sistine suspiró mientras veía
a Cecilia masticar una gran cantidad de píldoras y beber de golpe un extraño
jarabe de color raro.
«Aunque queda un poco lejos
desde aquí, vayamos a la cafetería de la academia. Como todos se han esforzado
tanto, hoy yo invitaré el té y los dulces.»
«¡Oh, genial! ¡Gracias,
profesora Cecilia!»
Los estudiantes lanzaron
vítores de alegría.
«Entonces, vayamos todos de
inmediato. Después de todo, este podría ser mi último té de la tarde... Je, je.
Es broma.»
Cecilia soltó una risita
adorable, como la de una niña pequeña, intentando hacer una broma.
«...Por favor, no diga eso,
profesora. Cuando usted lo dice, no suena como una broma...»
Empezando por Sistine, todos
los estudiantes sudaron frío y tensaron las mejillas.
Y justo en ese momento.
«Yo paso.»
Re=L dijo aquello.
«Vaya... ¿Por qué?»
«No soy muy lista, pero...
confío en mi resistencia física. Así que, mientras todos descansan, yo seguiré
esforzándome un poco más.»
Como su rostro era
inexpresivo, igual que siempre, no se notaba a simple vista, pero parecía que Re=L
estaba llena de entusiasmo.
Tal vez se había alegrado
porque todos habían elogiado su trabajo.
«Pero dejar a Re=L trabajando
sola mientras nosotros descansamos...»
«Ah, está bien, profesora
Cecilia. Deje que haga lo que quiera.»
Quien intervino en ese momento
fue Glenn. Como siempre, seguía tirado de forma descuidada en el borde del
campo.
«A mí me da pereza ir hasta la
cafetería, así que me quedaré aquí. Yo la vigilaré, así que ustedes pueden irse
a descansar sin preocuparse.»
«¿De verdad está bien...?»
«Sí, sí, está bien. Pero, a
cambio, póngale un extra al pago de medio tiempo de esta chica, gufufu...»
«Ah... Si insiste tanto,
entiendo. Entonces, profesor Glenn, le encargo lo demás.»
Y así...
Cecilia se retiró del lugar
sostenida por los estudiantes a ambos lados, y los demás también la siguieron.
«...¿De verdad estará bien?»
«Mmm...»
Sistine y Rumia, aunque se
sentían inquietas, no tuvieron más remedio que seguir a Cecilia.
«¡Profesor! ¡De verdad le
encargo a Re=L!»
«Sí, sí, sí, sí...»
Ante el grito de Sistine,
Glenn, todavía acostado, ni siquiera miró hacia ella y simplemente agitó la
mano en el aire para despedirse.
Después de que Sistine y los
demás se marcharan.
«Caray, qué chica tan
preocupada...»
Glenn, todavía recostado,
observaba distraídamente el trabajo de Re=L.
Como siempre, Re=L continuaba
blandiendo la azada en silencio, completamente concentrada.
«Aunque sea ella, ya no
debería haber problema... Después de todo, lo único que queda es trabajo físico
simple... Además, ahora no hay nadie más... No hay forma de que ocurra otro
problema... Fuaaa... Qué sueño... Esto es algo aburrido...»
Al quedarse solo, el paisaje
se volvió aún más monótono. Glenn reprimió un bostezo.
«Bueno, da igual... De todos
modos, esos regresarán en unos treinta minutos... Dormiré un poco...»
Sin poder resistirse al sueño,
Glenn cerró suavemente los ojos.
Y treinta minutos después.
«Oye, Glenn. Despierta.»
*Sacudida. Sacudida*
Al sentir que alguien le movía
el cuerpo, la conciencia de Glenn empezó a despertar lentamente, vagando entre
el sueño y la realidad.
Al abrir los ojos apenas un
poco, junto a él estaba, como era de esperarse, Re=L.
«Fuaaa... ¿Qué pasa? ¿Estás
trabajando en serio? No estarás holgazaneando, ¿verdad...?»
«No. No es eso. Ya terminé.»
«...¿Eh?»
Glenn se frotó los ojos
somnolientos y se incorporó lentamente.
«Ya no queda ningún lugar que
labrar.»
«...Idiota, eso no puede
ser... Aunque seas tú, no podrías terminar en tan poco tiempo... No digas cosas
tan irresponsables...»
Glenn dirigió la mirada hacia
el campo.
«Vaya.»
Glenn parpadeó varias veces.
Para su sorpresa, tal como Re=L
había dicho, ya no quedaba ningún lugar que labrar.
«Me esforcé. Usé magia de
refuerzo físico, liberé todo mi poder mágico y trabajé con todas mis fuerzas.
...Por todos.»
Re=L sacó pecho, o eso
pareció. Aunque seguía inexpresiva, de todo su cuerpo emanaba un aura de
“elógiame, elógiame”.
«Ya veo... Entiendo... Así que
usaste toda tu fuerza...»
Glenn comprendió la escena que
tenía frente a sus ojos. En efecto, tal como decía Re=L, ya no quedaba ningún
lugar que pudiera ser labrado.
Desde los terrenos en descanso
que no tenían relación con el trabajo de ese día, hasta las zonas donde
acababan de plantar nuevas hierbas medicinales; desde el campo vecino donde
crecían hierbas valiosas, hasta otro campo donde había hierbas listas para ser
cosechadas.
Todo, absolutamente todo hasta
donde alcanzaba la vista, había sido labrado y removido. Ante sus ojos se
extendía una escena demasiado miserable y destructiva.
Gracias a eso, en el enorme
jardín de hierbas medicinales de la academia ya no quedaba ni una sola parte
verde. Todo se había transformado en color tierra.
«Todos se sorprenderán,
seguro.»
«Sí, claro que se
sorprenderán...»
Glenn murmuró temblando,
mientras el sudor frío y el sudor nervioso le caían como una cascada.
Y entonces.
«¡Aaaaaaaaaaaah! ¡Soy un
idiota, idiota, idiotaaaaaa!»
Glenn se agarró la cabeza y
gritó hacia el cielo.
«¡Desde la época del ejército
sé perfectamente que esta chica siempre supera las expectativas por el lado más
absurdo! ¿¡Por qué bajé la guardia!?»
«Sí. Glenn también está
sorprendido por mi trabajo... Me alegro.»
«¡No hay nada de qué
alegrarseeeeeeeee!»
*Grigri, grigri, grigri*.
Glenn sujetó las sienes de Re=L
entre sus puños y empezó a frotarlas con fuerza.
«Duele mucho.»
«¿Q-qué hago? ¿Cómo voy a
disimular esto? ¿Digo que vino una misteriosa bestia y labró todo el campo? No,
no, eso es imposible, nadie se creería algo así...»
Y entonces ocurrió.
«...¿Profesor Glenn...?»
Ah, qué crueldad. Justo en ese
momento Cecilia y los demás regresaron.
«Profesor... ¿qué es
exactamente esto...?»
La sonrisa de Cecilia, que
comprendió la situación, se tensó.
«Qué horrible... ¿Q-qué es
esto...?»
«Uwa... Esto sí que se puso
increíble...»
Ante aquel paisaje devastado,
incluso Sistine y Rumia no pudieron hacer más que abrir los ojos de par en par
y quedarse atónitas.
«E-eh... ¿Profesora Cecilia?
E-esto, verá... Se debe a unas circunstancias muy orgánicas y complejas...»
Glenn intentó inventar una
excusa a toda prisa. Pero justo en ese momento.
«¡Gofó...!»
Cecilia vomitó sangre de una
forma especialmente espectacular, cayó de bruces al suelo, puso los ojos en
blanco y empezó a convulsionar.
«¡Gyaaaaaaaaaaa! ¡La profesora
Cecilia entró en shock!»
«¡E-esa forma de convulsionar
se ve bastante grave! ¡Oigan, rápido, llamen al médico forense de la
enfermería!»
«¡Pero esa persona es ella!»
«¡Si sigue así, el té de hace
un rato sí habrá sido realmente el último té de la profesoraaaaa!»
«¡¿Entonces eso era una señal
de muerte?!»
«¡Profesora! ¡Profesora
Cecilia, resista!»
«¡Rumia, es tu turno!
¡Probemos todas las artes forenses que conocemos!»
«¡S-sí!»
Todos rodearon a Cecilia y se
desató un caos enorme.
Re=L observó a todos con
curiosidad.
«¿Cecilia murió? ...Entendido.
Yo cavaré un hoyo para enterrar a Cecilia.»
«¡No hagas cosas
innecesarias!»
Glenn gritó mientras tiraba
con fuerza del cabello de Re=L, quien ya se dirigía otra vez al campo cargando
la azada.
«Bueno, así fueron las cosas.
Aprovechando el impulso de este gran éxito que fue la primera lección social de
Re=L, ¡vamos con el siguiente trabajo!»
«¿Eh? ¿Lo vas a decir así?
¿Vas a afirmar que eso fue un gran éxito?»
«¡Cállate! ¡Por el tratamiento
de la profesora Cecilia, los daños al jardín de hierbas y el adelanto de los
salarios de los estudiantes, me volvieron a recortar el sueldo de forma
especialmente brutal! ¡Así que, como sea, Re=L tiene que ganar dinero o no
podré vivir!»
«Ya ni intentas ocultar tus
verdaderas intenciones... Y, o sea, al final sí pensabas quedarte con parte del
salario de Re=L... Qué bajo...»
«...Pero esta vez Re=L también
tiene parte de la culpa, así que... no sé qué decir...»
«…¿?»
El lugar donde Glenn y los
demás se encontraban ahora estaba fuera de la academia de magia, frente al
popular café-restaurante de la ciudad llamado Aventure.
«¡Re=L trabajará aquí como
camarera!»
«Ehm... ¿Atención al
cliente...? ¿No es un reto demasiado difícil para empezar?»
Sistine, con ojos
entrecerrados, miró alternadamente a Re=L, que estaba ahí con expresión
ausente, y al local, murmurando con inquietud.
«Bueno, la verdad es que el
trabajo de camarera aquí paga una tarifa por hora excepcionalmente buena...
Mira.»
Glenn le mostró a Sistine un
volante de empleo, y ella abrió los ojos sorprendida.
«¡Mentira! ¿¡Tanto!?»
«Pero, por cómo está escrito,
esa cantidad es el mínimo, ¿verdad? ¿Significa que existe la posibilidad de que
el pago por hora sea incluso mayor? Me cuesta creerlo...»
«Sí. Este lugar es famoso
porque los uniformes de las camareras tienen un diseño muy elaborado y bonito.
Según dicen, son piezas especiales diseñadas personalmente por el dueño.
Además, las chicas contratadas como camareras son solo bellezas que cumplen con
los gustos del dueño... Al parecer, la tarifa por hora y los bonos especiales
se deciden según el nivel de belleza de cada una.»
«¿Qué clase de establecimiento
es ese, uno que recibiría una lluvia de críticas de feministas y grupos de
mujeres...? El mundo está perdido...»
«Bueno, digamos que es una
obsesión del dueño.»
«...Los hombres...»
«A-ahaha...»
Sistine suspiró con fastidio,
y Rumia dejó escapar una sonrisa amarga.
«En fin, Re=L tiene buena
apariencia, al menos eso, así que probablemente la contratarán al instante.
¡Aquí tiene que ganar un montón de dinero de golpe! ¡Por mi mañana, ya no puedo
elegir los medios!»
«Siento que... el propósito de
todo esto cambió por completo.»
«¡Vamos, a trabajar!»
Y así...
Re=L fue entrevistada por el
dueño del local. Como era de esperarse, fue recibida con gran entusiasmo y
contratada de inmediato.
«...Glenn. ¿Así está bien?»
Dentro del local, decorado con
un interior elegante y de buen ambiente, estaba Re=L vistiendo el uniforme de
camarera.
En efecto, el uniforme de
camarera de aquel lugar era una obra maestra digna de los rumores.
Un delantal con volantes, una
diadema y una falda. Cintas adornando puntos estratégicos. A primera vista, el
uniforme daba una impresión adorable, lleno de volantes y muy vistoso. Al mismo
tiempo, conservaba un aire recatado y puro, y aun así resaltaba el tenue
encanto de una joven fresca y vivaz. Era, sin duda, el producto de un milagro
equivocado que incluso dejaba sentir la obsesión casi enfermiza de su
diseñador.
«Oh, vaya. La ropa hace
maravillas.»
Glenn se mostró sinceramente
impresionado.
Re=L ya era bonita de por sí.
Si se le arreglaba la ropa, eso resaltaba mucho. Además, como su cuerpo era más
pequeño que el de otras chicas de su edad, el uniforme le quedaba un poco largo
y no terminaba de llevarlo del todo bien. En este caso, eso también sumaba
puntos.
«Bueno, es normal que Re=L,
que realmente va a trabajar aquí, use el uniforme, pero...»
*Piki, piki*. Sistine habló
mientras se le marcaban venas de enojo en la sien.
«¿Por qué nosotras también
tenemos que usar este uniforme...?»
Al mirar, se veía que Sistine
y Rumia también se habían cambiado al mismo uniforme que Re=L.
«¡Jajaja, Sisti y Re=L se ven
adorables! ¡Les queda muy bien!»
«A-ah, sí, gracias. A ti
también te queda muy bien, Rumia... ¡No, ese no es el punto!»
Sistine, que sin querer le
había sonreído a Rumia, volvió rápidamente en sí y se acercó a Glenn para
reclamarle.
«Mira, es que... Re=L sola
atendiendo clientes es absolutamente imposible, ¿verdad? Si ustedes no la
acompañan y la apoyan... Ah, por cierto, ustedes dos también aprobaron sin
objeciones. De hecho, dijeron que les gustaría contratarlas como empleadas
exclusivas con el mejor trato posible o algo así... ¡Qué suerte!»
Glenn silbó mientras desviaba
la mirada hacia cualquier parte.
«¡No cambie de tema! ¿¡Por qué
hace que Re=L trabaje atendiendo clientes si sabe que es imposible!?»
«¡Pues obviamente por dinero!
¡Para ser sincero, lo de la lección social de Re=L ya me importa un comino!»
«¡Ah, lo dijo! ¡Al fin lo
dijo! ¡Si dice eso, ya se acabó todo! ¡Es lo peor! ¡Lo peor! ¡Lo peor!»
«¡Cállate, tonta! Solo estoy
recuperando el sueldo que me han recortado por culpa de esta chica, ¡tonta!
¿¡Tienes algún problema!?»
La pelea verbal de tan bajo
nivel que comenzó dentro del local atrajo las miradas de todos los empleados y
clientes.
«B-bueno, bueno... No hay duda
de que será una buena experiencia para Re=L... Además, Sisti, este mes estás
algo ajustada con tu dinero, ¿verdad?»
«E-eso... es verdad, pero...»
Ante las palabras de Rumia, Sistine
se giró hacia un lado con expresión malhumorada.
«Entonces, ¿por qué no
intentamos hacerlo solo por hoy? A mí me parece que de vez en cuando algo así
está bien. Si lo hacemos todas juntas, seguro será divertido.»
«Ah... Rumia, como siempre,
eres demasiado buena persona...»
Sistine soltó un profundo
suspiro, aceptándolo a regañadientes.
Y así...
Comenzó el trabajo como
camareras de Re=L, Sistine y Rumia.
«Bienvenido, estimado cliente.
¿Ya ha decidido su orden?»
Rumia llegó a una mesa para
tomar el pedido y sonrió con amabilidad.
«Sí, entendido. Se lo traeré
enseguida.»
Aquella no era una simple
sonrisa comercial, sino una sonrisa sincera. Todos los clientes que entraban al
local terminaban siendo reconfortados por ella sin excepción.
«¡Dueño! ¡Tenemos pedidos!
Mesa quince, roast beef y frituras de camarón Limanof. Mesa siete, dos pasteles
de carne con papa y dos sets del sándwich recomendado del día, más dos cafés.
...¿Eh? ¿Falta personal en caja? Entendido, yo me encargo.»
Sistine, que ya era
inteligente y eficiente de por sí, procesaba el trabajo de forma realmente
eficaz. Su manera ágil y ordenada de trabajar resultaba agradable de ver.
Aunque al principio las dos se
sintieron confundidas por un trabajo al que no estaban acostumbradas, Rumia y Sistine
se adaptaron al local en un abrir y cerrar de ojos. Parecían empleadas
veteranas.
Sin embargo...
«...Qué raro... ¿Todavía no
vienen a tomar el pedido de esta mesa? Creo que ya se están tardando
demasiado... Oiga, señorita camarer— ¡Uoooooh!»
Uno de los clientes, al
intentar llamar a una empleada, levantó la mano y se giró. En ese instante,
soltó un grito de sorpresa y se echó hacia atrás.
Justo a su lado estaba Re=L,
que en algún momento se había plantado allí sin hacer ruido ni mostrar
presencia alguna.
«¿D-d-desde cuándo estás ahí?»
«Desde hace rato. ¿Unos diez
minutos?»
«¿¡Y qué estabas haciendo!?»
«...Vine a tomar su pedido.»
«¡Si ya estabas aquí, al menos
di algo!»
«...Sí. Tiene sentido.»
Ante la lógica queja del
cliente, Re=L asintió ligeramente.
«E-en fin... ¿puedo hacer mi
pedido?»
«Sí.»
«Bueno, primero...»
El cliente estaba mirando el
menú y se disponía a ordenar. Fue entonces cuando ocurrió.
«Quiero comer tarta de fresa.»
Por alguna razón, Re=L le hizo
un pedido al cliente.
«¿Eh...?»
«Por eso, mi pedido. Tarta de
fresa.»
«Ehm... No entiendo de qué
está hablando.»
«...Tú dijiste que podía
pedir. Por eso, tarta de fresa.»
«¡No me refería a esooooooo!
¡Además, yo soy el cliente y tú eres la empleadaaaaa!»
«Ahora que lo dices, es
verdad. Entonces, di tu pedido.»
«E-eh... Veamos... Un
napolitano, fish and chips y jugo de naranja...»
«Entendido. Lo traeré
enseguida.»
...
Y entonces.
«Sí. Traje la comida del
pedido.»
Lo que Re=L dejó con un golpe
seco frente al cliente fue...
Tres tartas de fresa.
Además, una de ellas tenía una
mordida, hecha por alguien desconocido. Y, de paso, la boca de Re=L se movía
como si estuviera masticando algo.
«...¿Qué es esto?»
«Tarta de fresa.»
«Eso ya lo veo. ¿Qué significa
esto?»
«En realidad, olvidé cuál era
tu pedido. Así que traje esto en su lugar.»
«¿¡Qué clase de respuesta sin
sentido es esa!? ¿¡Y cómo es posible que olvides el pedido en tan poco
tiempo!?»
«Sí. No pasa nada. Está rica.»
«¡No se trata de si está rica
o no! ¡Yo quiero comer napolitano! ¡Tráeme napolitano!»
«No. Seguro que la tarta de
fresa está más rica. Así que come tarta de fresa.»
«¿¡Qué es esa insistencia
absurda con la tarta de fresa!? ¡Solo retira esto de aquí! ¡Déjame comer
napolitano!»
El cliente tenía toda la razón
del mundo.
Entonces...
«Tú... ¿te burlas de la tarta
de fresa?»
*Chas*.
En algún momento, Re=L ya
tenía una gran espada en la mano. Frente al cliente que había rechazado la
tarta de fresa, sostuvo la espada con su habitual rostro inexpresivo, aunque de
alguna manera parecía estar de mal humor.
«¿¡Hiiiiiiiiiiiiiiii!?
¡A-ayuda...!»
Justo cuando el cliente estaba
a punto de entrar en pánico...
«¡Aaaaaltooooo! ¡Rumia,
encárgate del cliente! Re=L, ven un momento por aquí, ¿sí?»
«¡D-disculpe muchísimo, señor!
Ella acaba de empezar a trabajar aquí y todavía no está acostumbrada al
trabajo...»
Sistine tomó a Re=L de la mano
y se la llevó, mientras Rumia ocupaba su lugar atendiendo al cliente. Así
lograron evitar un desastre.
«M-me duele el estómago... Sí,
ya lo sabía, pero... como era de esperarse, este tipo de trabajo todavía era
demasiado para una niña como Re=L...»
Glenn observaba la escena
desde un asiento en una esquina del local, temblando de miedo. Era un cliente
realmente molesto que llevaba muchísimo tiempo ocupando una mesa con una sola
taza de café.
«¿D-debería detener esto?
¿Esta estrategia era demasiado forzada...? Antes de que ocurra algún daño
fatal... Ugh...»
Tomar el camino seguro.
O apostar por una gran
ganancia de una sola vez.
El corazón de Glenn oscilaba
entre esas dos opciones.
Al final, la estrategia que
Glenn eligió fue mantener la situación actual y apostar por enriquecerse de
golpe.
La única forma de sobrevivir
de Glenn era aprovecharse del salario de Re=L. Que en ningún momento se le
ocurriera la idea de trabajar él mismo era, precisamente, lo que hacía que
Glenn fuera Glenn.
Mientras Glenn vigilaba muerto
de miedo, los problemas provocados por Re=L seguían apareciendo uno tras otro.
«¿¡P-pero qué haces, Re=L!?
¡No te comas eso! ¡Esa es comida para servirle a un cliente!»
«¿¡R-Re=L!? ¡Tienes que tratar
los platos con un poco más de cuidado! Ah, ah... se rompió otro...»
«¡Aaaah! ¡Re=L! ¡El cambio que
acabas de darle al cliente no eran monedas de cobre Selt, eran monedas de oro
Lil! ¡Así perdemos muchísimo dinero! Tenemos que recuperarlas...»
«¡L-lo sentimos mucho, señor!
Vamos, Re=L, discúlpate tú también. No puedo creer que al tropezarte hayas
lanzado la comida y se la hayas puesto al cliente en la cabeza...»
«¡T-te dije que no te comas
eso, Rieeeel!»
«De verdad, ¿¡por qué diablos
elegí atención al cliente!?»
Glenn se agarró la cabeza y se
desplomó sobre la mesa. Seguía siendo un cliente profundamente molesto, todavía
ocupando el lugar con la misma taza de café que pidió al principio.
Sin embargo, el apoyo
desesperado de Sistine y Rumia pareció dar resultado.
Aunque Re=L cometía pequeños
errores, al final no causó ningún fallo fatal que pudiera hundir el negocio.
Todos sus errores quedaban dentro de lo que podía perdonarse como torpezas de
una chica despistada. Incluso cuando estuvo a punto de causar algo grave, Sistine
y las demás lograron impedirlo.
Para empezar, muchos de los
clientes habituales del local no iban tanto a disfrutar de la comida, sino a
contemplar y admirar a las chicas lindas del establecimiento. Por eso, mientras
no sufrieran daños reales, la divertida forma de atender de Re=L era recibida
más bien como un espectáculo.
Para el dueño del local, las
conductas problemáticas de Re=L eran un detalle menor.
Después de todo, aquel
restaurante ya era famoso por reunir siempre a chicas bonitas, pero ese día, en
particular, se había corrido rápidamente el rumor de que había unas chicas
especialmente lindas, incluso más que de costumbre. Gracias al boca a boca, el
local tuvo una cantidad excepcional de clientes. El efecto de atracción
provocado por Re=L y las demás superaba con creces el dinero perdido por los
daños causados por Re=L.
Con el tiempo, incluso la
tonta de Re=L pareció aprender más o menos el trabajo, y sus errores empezaron
a disminuir.
Y finalmente, el sol comenzó a
ponerse.
«Y-ya casi termina... Vaya, al
final fue más tranquilo de lo que pensé...»
Glenn soltó un suspiro de
alivio.
Era el peor cliente
imaginable, desesperadamente molesto, que había permanecido en el local hasta
la hora del último pedido con una sola taza de café, la misma que había pedido
al principio.
«Bueno, por un momento pensé
que esto acabaría mal...»
Glenn miró de reojo a Re=L,
que justo estaba atendiendo a un cliente.
«Sí. Traje la tarta de fresa
que pidió.»
«Oh, gracias.»
«...No me la comí sin permiso.
La traje correctamente. ...¿Soy admirable?»
«¿Eh? ...Ah... ¿sí?»
«Sí. Entonces, disfrútela con
calma.»
Re=L se alejó, dejando atrás
al cliente, que no sabía cómo reaccionar.
Su actitud de servicio todavía
tenía algunos problemas, pero en comparación con el principio, había mejorado
bastante.
«Como lección social, quizá
fue un éxito más grande de lo esperado... Si sigue así, Re=L aprenderá algo de
sentido común, mi bolsillo se calentará, y será como matar dos pájaros de un
tiro, je, je, je...»
Justo cuando Glenn sonreía con
satisfacción, ocurrió.
«¿¡Kyaa!?»
De pronto, el grito de Rumia
resonó con fuerza en el local.
«¿Qué pasa?»
Glenn dirigió la mirada hacia
donde había escuchado el grito.
«Oh, vamos, señorita bonita.
No hace falta exagerar solo porque mi mano tocó un poco tu trasero... Gufufu...»
«¡E-espere...! ¡Por favor,
deténgase! Estoy trabajando ahora mismo...»
«Vamos, vamos, no pasa nada.
Mejor ven un momento por aquí y atiende a estos señores, ¿quieres...?»
«¡N-no quiero!»
Al mirar, se veía a varios
matones de aspecto vulgar y lascivo ocupando una esquina del local. Uno de
ellos rodeaba los hombros de Rumia con el brazo e intentaba obligarla a
sentarse en su mesa.
«¡Ustedes! ¡Aléjense de Rumia!»
Sistine avanzó con furia hacia
los matones, pero...
«Oh, vaya, qué señorita tan
enérgica... ¿Y qué piensas hacer con esos bracitos delgados?»
«Ugh...»
Sistine se vio rodeada por
tres hombres corpulentos y, sin querer, retrocedió.
Si podía usar magia, esos
sujetos no serían ningún problema, pero frente a tanta gente no podía hacerlo.
Sin magia, Sistine era una chica normal. No podía enfrentarse al mismo tiempo a
tres hombres fuertes.
«Tú también eres muy bonita,
señorita. Ven a atendernos también.»
«¡E-espera! ¡Suéltame!»
Ante aquella escena, Glenn
chasqueó la lengua con irritación.
«Tch, esos idiotas... Al menos
deberían pensar un poco en la molestia que causan al local... Parece que
necesitan una lección educativa...»
Glenn se levantó de su asiento
haciendo crujir los dedos y comenzó a dirigirse hacia los matones.
Justo en ese momento.
««¿¡Dooooooooowaaaaaaaaaaaaaaaaah!?»»
De repente, dos de los matones
salieron volando por los aires de manera ridícula y se estrellaron con
estrépito contra una mesa cercana.
«Aléjense de Rumia y Sistine.»
La responsable era Re=L.
Simplemente había agarrado a los matones por el cuello y los había lanzado
sobre su cabeza con su absurda fuerza física. Eso era todo.
«No perdonaré a quien las
moleste.»
Re=L murmuró aquello. Su
rostro seguía siendo inexpresivo, pero si se miraba con atención, estaba
ligeramente tenso. Al parecer, estaba bastante enojada.
«¿Q-qué...?»
Los matones, por instinto,
habían empezado a notar vagamente que aquella pequeña muchacha no era normal.
Sin embargo, el poco orgullo que tenían como tipos famosos por pelear en la
calle no les permitía retroceder frente a una chica tan pequeña.
«¿¡Qué dijiste, mocosa!?»
«¿¡Quieres que te hagamos
pedazos!?»
«Parece que no entiendes hasta
que te duele, mocosaaaaa.»
Los matones, con una atmósfera
tan evidente de perros segundones destinados a ser derrotados que daba
tristeza, rodearon tontamente a Re=L.
«¡Maldición, esto es malo!»
Glenn salió corriendo.
Por supuesto, no estaba
preocupado por Re=L. Aunque se juntaran varios o incluso decenas de matones
callejeros, no había forma de que pudieran hacerle algo a Re=L, conocida como «The
Chariot».
El problema era cómo
terminaría aquella pelea.
Si lo hacía de una forma que
provocara grandes daños al local, su salario...
«¿¡Hyagyaaaaaaaaa!?»
Justo cuando pensaba eso, uno
de los matones pasó volando junto a Glenn a una velocidad tremenda, arrastrando
consigo mesas y clientes dentro del local.
A causa del impacto, varios
platos salieron volando por el aire.
El local cayó de inmediato en
un caos de gritos y confusión.
Con los gritos y el alboroto
como fondo, comenzó una gran pelea entre los matones y Re=L.
Como antes, cuando había
amenazado a un cliente con la gran espada, le habían insistido severamente que
no la usara, Re=L no llegó a crear una espada mediante alquimia. Pero
precisamente por eso, la pelea se alargó y los daños siguieron aumentando.
«E-esperen, ustedes. Tratemos
esto de forma pacífica y tranquila...»
«¡Cállate, qué ruido haces,
idiota!»
«¿¡Gwaaaaaaaaaah!?»
Glenn intentó convencer a los
matones, pero terminó recibiendo un golpe.
«¡Oye, Re=L! ¡Cálmate, te
digo...! ¿¡Dooooowaaaa!?»
Re=L agarró a uno de los
matones por la pierna y lo hizo girar como un trompo; Glenn quedó atrapado en
el movimiento y salió despedido.
«O-oigan... ¿No creen que la
violencia no produce nada? Creo que tampoco produce salario...»
«¡Cierra la boca! ¡No te
metas, hermano!»
«¿¡Guhhaaaaa!?»
Glenn recibió de uno de los
matones un lazo al cuello y luego un powerbomb.
«Geh... cof... O-oye, Re=L...
La violencia no está bien...»
«Estorbas.»
«¡Aaaaaaaaaaaaaah!»
Re=L lo empujó y Glenn salió
disparado como una pelota, estrellándose contra una pared.
«Jajaja... O-oigan todos... La
violencia no está bien, ¿sí? La violencia es... ¿¡Haguoooo!?»
«¡Cállate ya! ¡Quédate fuera
de esto!»
Y así continuó.
Glenn hizo esfuerzos
desesperados para resolver el alboroto de forma pacífica. Lo intentó una y otra
vez... y cada vez terminó más destrozado.
Hasta que finalmente...
*Plop*.
«¿¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!?
¡Ya basta, malditos idiotas! ¿¡Uno intenta ser amable y se les sube a la
cabeza!?»
Glenn finalmente perdió la
paciencia y soltó un grito extraño.
«¡Vengan de una vez! ¡Para
proteger mi salario, los voy a aplastar a todos juntos!»
Y así, con los puños en alto,
se lanzó a la pelea.
Varios días después.
En el ya mencionado
café-restaurante Aventure.
«Pff... E-eh... Mi pedido
es... pff, je, je... Ehm... Un café... u-uno... ¡buf!»
«Sí, y-yo quisiera... je,
je... pastel de chocolate... je, je... Había oído los rumores, pero esto...
pff...»
«N-no está bien reírse,
Wendy... pff... jajaja...»
Kash, Wendy, Lynn y otros
estudiantes de la clase de Glenn habían aparecido como clientes en aquel local.
La camarera que estaba tomando
el pedido de su mesa era...
«¿Qué les pasa a ustedes...?
¡Digan ya su pedido!»
Glenn, quien había terminado
trabajando en aquel local para pagar el monto de los daños que causó durante la
pelea.
«N-no, está bien, pero... es
que... ¿por qué está vestido así? ¡Buah, jajajajaja!»
«¡Ya no puedo más! ¡No puedo
contenerme! ¡Jajajajaja! ¡Jajajajaja!»
Los estudiantes se doblaban de
risa agarrándose el estómago.
Glenn vestía aquel adorable
uniforme lleno de volantes del que tanto presumía el local. Incluso llevaba
puesta una peluca cuidadosamente colocada.
«¡No tengo opción! ¡Este
maldito local dice que solo tiene este condenado uniforme! ¡Aaaaaah, maldita
sea! ¿¡Por qué siempre termina pasando esto!?»
«¡Jajaja! ¡E-está bien,
profesor! Gracias al atuendo, las líneas de su cuerpo quedan ocultas, y como
usted es bastante apuesto, si se quedara callado sería una belleza
considerable. ¡Seguro que tendría demanda! ¡Jajajaja!»
«¿¡Hiiii!? ¡Basta, basta, por
favor! ¡Me voy a morir de risa!»
«¡Cállense ya, ustedes! ¡Coman
rápido y lárguenseeeee!»
El grito desgarrador del alma
de Glenn resonó por todo el local.
Y en la mesa de al lado.
«Sí. Está rica.»
Re=L comía satisfecha una
tarta de fresa.
Por cierto, a diferencia de
Glenn, en el caso de Re=L, el efecto positivo de atracción de clientes y el
efecto negativo de los daños causados durante la pelea se compensaron
perfectamente. Así que, al final, quedó libre de culpa.
«Bueno, cómo decirlo...»
Junto a Re=L, que mordisqueaba
la tarta de fresa como una ardilla, Sistine soltó un profundo suspiro.
«Parece que todavía falta
muchísimo para que esta chica aprenda sentido común general...»
«...Bueno, tenemos mucho
tiempo. No creo que haga falta apresurarnos. Hagámoslo poco a poco, ¿sí?»
Rumia sonrió con calma.
«...Eso también es cierto.»
Ante las palabras de Rumia, Sistine
relajó ligeramente los labios.
Y, apoyando la mejilla en una
mano, se quedó mirando tranquilamente el alboroto de la mesa vecina.
[1] el
chiste de Riel se basa en que en japonés «付き合う» significa “salir con
alguien / tener una relación”, pero suena igual que «突き合う»,
que puede entenderse como “atravesarse / atacarse mutuamente”. Por eso ella
cree que la confesión era una especie de duelo con armas.

